Naturalismo del sujeto y naturalismo del objeto

Tópico: la naturalización de los hechos y creencias morales

Naturalismo del objeto: reducción ontológica de los hechos morales a una ontología sin valores (ontología moralmente indiferente)

(O) El hecho moral p no consiste más que en X,

donde “X” describe el hecho sin hacer uso del vocabulario moral

(O) tiene que analizarse realmente en dos pasos:

1) El hecho moral p es representado por la creencia moral con el contenido <p>

2) El hecho moral p no consiste más que en X

Naturalismo del sujeto: explicación de las creencias morales en términos de una función propia no representacional (función motivacional)

(S) La creencia moral con el contenido <p> tiene una función F,

donde “F” describe la creencia como un cierto compromiso o actitud motivacional (Price 2004: Naturalism Without Representationalism)

Hay una incompatibilidad entre (O) y (S): (S) es la negación de 1), pero 1) tiene que darse para que pueda hablarse de los hechos morales cuya reducción ontológica tiene la forma de 2).

¿Hay alguna salida? El naturalismo del sujeto distingue entre el punto de vista interno de un creyente y el punto de vista externo al creyente, que es la perspectiva propia del naturalista. Es claro que desde el punto de vista interno de un creyente, las creencias morales son representaciones de hechos morales. Pues el contenido proposicional de las creencias morales está regimentado internamente por el esquema de equivalencia, en el sentido de que un creyente está dispuesto a asentir a cualquier instancia del siguiente esquema (donde <p> sea sustituido por el contenido proposicional de una creencia moral):

<p> es verdadera si, y solo si, p

El esquema de equivalencia es suficiente para introducir una noción minimalista de representación: dado que en el lado derecho de una instancia del esquema el contenido proposicional de la creencia moral (descrito en el lado izquierdo) especifica su propia condición de verdad, es legítimo decir que esa creencia moral es una representación de su condición de verdad. Un hecho moral es, en este sentido, la condición de verdad de una cierta creencia moral.  Téngase en cuenta que esta noción de representación no cualifica la representación robustamente en términos de una relación causal, explicativa o de cualquier otro tipo. Pero una relación causal o explicativa es la garantía de que haya un hecho que es independiente de la creencia: si la relación es causal está garantizado que la creencia moral entra en contacto con un hecho moral independiente, y si la relación es explicativa eso significa que hay un hecho moral independiente que es la mejor explicación de que la creencia moral sea verdadera. Así que no se sigue de que los hechos morales sean representados (en un sentido minimalista) por las creencias morales, que un hecho moral sea independiente de la creencia.

De manera que es posible introducir la siguiente versión de 1):

1*) El hecho* moral p es representado* por la creencia moral con el contenido <p>,

donde el uso del asterisco (*) indica que estamos hablando de hechos morales y de función representacional de las creencias morales en un sentido minimalista, es decir, desde el punto de vista del creyente.

Quietismo representacional: una creencia moral es una representación* de un hecho* moral.

Quietismo explicativo: no es posible explicar cuál es la función propia de una creencia moral desde un punto de vista externo al creyente.

El naturalismo del sujeto es compatible con el quietismo representacional. El naturalismo del sujeto solo niega que las creencias morales tengan una función representacional en un sentido robusto, por ejemplo, poniéndonos en contacto causal con hechos morales independientes. Ello es posible porque el naturalista del sujeto adopta un punto de vista externo al creyente desde el que puede negar que las creencias morales son representaciones (sin negar que las creencias morales son representaciones*). Más aún: que las creencias morales son representaciones* es algo que puede ser explicado. El punto de vista externo del naturalista del sujeto, estudiando entre otras cosas la conducta moral del creyente, puede explicar por qué la función motivacional de las creencias morales requiere que sean representaciones* sin que, no obstante, haya que introducir hechos morales independientes que las causen o expliquen. Así que, obviamente, el naturalismo del sujeto es incompatible con el quietismo explicativo (Macarthur y Price 2007: Pragmatism, Quasi-Realism and the Global Challenge).

Supongamos entonces que el naturalismo del objeto (O*) es formulado y analizado así:

1*) El hecho* moral p es representado* por la creencia moral con el contenido <p>

2*) El hecho* moral p no consiste más que en X

Ahora parece que (S) es compatible con (O*): (S) no es la negación de 1*) y, por tanto, el naturalismo del sujeto no tiene problema con dar entrada a los hechos* morales cuya reducción ontológica tiene ahora la forma de 2*).

Sin embargo, (S) no es compatible con (O*) porque el problema ahora es que (S) no calza en cualquier caso con 2*): 

Un hecho* moral es la condición de verdad (truth-condition) pero no el hacedor de verdad (truth-maker) de una cierta creencia moral. Un hacedor de verdad es una entidad representada por una creencia con la que está relacionado causal o explicativamente de algún modo. La relación causal o explicativa garantiza que esa entidad es un hacedor de verdad de la creencia: una entidad del mundo independiente de la creencia que, por ello mismo, puede hacerla verdadera. Pero he argumentado que el mero esquema de equivalencia no es suficiente para tener una noción de representación robusta. Así que un hecho* moral representado* por una creencia moral no es un hacedor de verdad de esa creencia.

Está claro que para la formulación de 2*) como una reducción ontológica es incluso necesario que el hecho* moral a reducir no sea un hacedor de verdad: precisamente la idea de una reducción ontológica es que la entidad reductora X es el hacedor de verdad de la creencia. Así que X tiene que ser tal que i) X es un hacedor de verdad de la creencia moral y, por tanto, ii) el hecho* moral puede reducirse ontológicamente a X, una entidad del mundo independiente de la creencia. Pero, entonces, X tiene que ser representado (en un sentido robusto) por la creencia moral: por ejemplo, la creencia moral está en una relación causal apropiada con X o X es la mejor explicación de que la creencia moral sea verdadera. De manera que la creencia moral es tanto una representación* del hecho* moral como una representación de X. El problema ahora es que (S) deja de ser compatible con (O*), pues hemos introducido de nuevo la idea de que una creencia moral es, en parte, una representación robusta. Resultaría que, contrariamente al naturalismo del sujeto, una creencia moral tiene una función representaciónal desde un punto de vista externo al creyente.

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