Minimalismo y quietismo representacional

Quiero discutir un característico tipo de argumento que lleva del minimalismo al quietismo representacional, la tesis de que un discurso que tiene superficialmente los rasgos de un discurso representacional es un discurso representacional. Mi objeción está basada en la idea de que ese tipo de argumento consiste en pasar indebidamente de consideraciones sintácticas a consideraciones semánticas. Voy a centrar mis observaciones en el discurso sobre la mente propia (compuesto de oraciones como “Me duele la pierna”), ya que hay una interpretación de origen wittgensteiniano según la cual ese discurso, a pesar de ser superficialmente representacional, realmente no lo es: en otras palabras, hay una interpretación expresivista o cuasi-realista del discurso sobre la mente propia.

De entrada, el argumento minimalista sobre el quietismo representacional puede formularse en los siguientes términos:

1) El discurso sobre la mente propia tiene superficialmente los rasgos sintácticos de un discurso asertórico.

2) Tesis minimalista A: Si un discurso tiene superficialmente los rasgos sintácticos de un discurso asertórico, entonces es un discurso asertórico cuyas oraciones tienen realmente condiciones de verdad.

3) Por tanto, el discurso sobre la mente propia es un discurso asertórico cuyas oraciones tienen realmente condiciones de verdad.

4) Tesis minimalista B: Si un discurso es un discurso asertórico cuyas oraciones tienen realmente condiciones de verdad, entonces es un discurso representacional.

5) Por tanto, el discurso sobre la mente propia es un discurso representacional.

Un discurso que tiene superficialmente los rasgos sintácticos de un discurso asertórico es un discurso que está disciplinado sintácticamente de cierta manera: por ejemplo, las reglas de formación son tales que las oraciones bien formadas del discurso que tienen un uso más relevante son las oraciones indicativas. Ahora bien, un discurso articulado según esa disciplina sintáctica (que no me detengo a desarrollar) consta de un operador “es verdad que” cuyo funcionamiento está determinado por la siguiente regla de transformación: cualquier oración indicativa del discurso puede transformarse en una oración bien formada que es el resultado de anteponer el operador “es verdad que” a esa oración indicativa. El discurso sobre la mente propia tiene superficialmente los rasgos
de un discurso asertórico porque, entre otras cosas, es legítima la transformación consistente en pasar de la oración “Me duele la pierna” a la oración “Es verdad que me duele la pierna”. Pero, una consecuencia de esto es que, ateniéndonos exclusivamente a consideraciones sintácticas, un rasgo de un discurso superficialmente asertórico es que sus oraciones tienen condiciones de verdad. En efecto, otra regla de transformación (o, posiblemente, otra parte de una sola regla) establece la legitimidad de transformar la oración “Es verdad que me duele la pierna” en la oración “Me duele la pierna”, y este segundo movimiento no es otra cosa que dar la condición de verdad de la oración indicativa con la que empezamos.

Examinemos, entonces, la tesis minimalista A. Es evidente que el antecedente de A es de naturaleza sintáctica, pero he intentado mostrar que un rasgo sintáctico de un discurso superficialmente asertórico es que sus oraciones tienen condiciones de verdad. Téngase en cuenta que una regla de transformación de la oración “Es verdad que me duele la pierna” en la oración “Me duele la pierna” es independiente de la interpretación o comprensión de la oración “Me duele la pierna”. Obviamente, quien comprende la oración “Me duele la pierna” conoce algo que, dada esa regla de transformación, constituye trivialmente la condición de verdad de la oración: pero, no es la propia comprensión de la oración lo que determina que la oración tenga una condición de verdad, que, entonces, no sería trivial. Luego, si esa regla de transformación produce la condición de verdad de la oración “Me duele la pierna”, la condición de verdad no viene dada por la comprensión de la oración. Esta es una lectura posible de la tesis quineana de la verdad como desentrecomillado, donde el desentrecomillado debe entenderse como un mecanismo intralingüístico, en el sentido de la regla de transformación que he introducido: no es un mecanismo para pasar de la sintaxis a la semántica (o, por decirlo más libremente: el descenso semántico no es tal, porque no lleva a ninguna parte).

Pero, según A un discurso superficialmente asertórico es un discurso asertórico cuyas oraciones tienen realmente condiciones de verdad. Ahora bien, está en cuestión si el consecuente de A es de naturaleza sintáctica o semántica y, por ello, está en cuestión también si A es o no es una tesis minimalista. Pues, si el consecuente de A es leído en términos sintácticos, no consiste más que en repetir enfáticamente (“…tienen realmente condiciones de verdad”) que un rasgo sintáctico de un discurso asertórico es que sus oraciones tienen condiciones de verdad. En ese caso, la tesis A es una tesis minimalista en tanto que su contenido es trivialmente verdadero. A este respecto, el nuevo expresivismo, es decir, el cuasi-realismo, alimentado por las teorías minimalistas de la verdad, está comprometido con la tesis minimalista A. Por el contrario, si el consecuente de A es leído en términos semánticos, su contenido es que las oraciones de un discurso asertórico tienen realmente condiciones de verdad en el sentido de que, además de ser legítimas ciertas transformaciones sintácticas, una interpretación o comprensión de las oraciones especifica en qué circunstancias extralingüísticas son verdaderas. Pero, es manifiesto que del hecho de que sea legítimo transformar la oración “Es verdad que me duele la pierna” en la oración “Me duele la pierna” no se sigue que una comprensión de “Me duele la pierna” especifique las circunstancias extralingüísticas en que la oración es verdadera. Pues, no se trata solo de que una comprensión de “Me duele la pierna” sea un conocimiento de lo que, dada esa transformación, constituye trivialmente la condición de verdad de la oración, sino de que la propia comprensión de la oración determine que la oración tenga una condición de verdad, que, entonces, no es trivial. De manera que, en ese caso, la tesis A no es minimalista. Precisamente, el expresivismo clásico, surgido en el contexto del positivismo lógico y, por tanto, de las teorías robustas de la verdad, rechaza la tesis A: del hecho de que un discurso sea superficialmente asertórico no se sigue que sea un discurso asertórico cuyas oraciones tienen realmente (es decir, en un sentido semántico) condiciones de verdad.

Así que tanto el quietista representacional como el cuasi-realista sostienen la tesis minimalista A bajo una lectura netamente sintáctica: ambos están de acuerdo, por tanto, en que el discurso sobre la mente propia es un discurso asertórico con el rasgo sintáctico de que sus oraciones tienen condiciones de verdad. Examinemos ahora la tesis minimalista B, cuyo antecedente está siendo leído sintácticamente. Como antes, está en cuestión si el consecuente de B es de naturaleza sintáctica o semántica y, por ello, está en cuestión también si B es o no es una tesis minimalista. Desde luego, uno podría pensar que el consecuente de B solo puede ser leído en términos semánticos: un discurso representacional es un discurso cuyas oraciones tienen un contenido cognitivo. Pero, supongamos que un discurso articulado según cierta disciplina sintáctica consta de un operador “es verdadera la representación de que”, una variante enfática y redundante del operador “es verdad que”, cuyo funcionamiento está determinado por la siguiente regla de transformación: cualquier oración del discurso con el operador “es verdad que” puede transformarse en una oración bien formada que es el resultado de sustituir el operador “es verdad que” por el operador “es verdadera la representación de que” (una observación: el carácter enfático del operador sería más evidente en términos de un modificador adverbial, algo como “es representacionalmente verdadero que”, pero la expresión resultante es inusual). Esta regla de transformación nos permite pasar de la oración “Es verdad que me duele la pierna” a la oración “Es verdadera la representación de que me duele la pierna” sin ningún recurso a la idea de que un uso de la oración “Me duele la pierna” consiste en una representación de la forma como es la realidad extralingüística. Ahora bien, a partir de la tesis minimalista A, la tesis B dice que si un rasgo sintáctico de un discurso asertórico es que sus oraciones tienen condiciones de verdad, entonces ese discurso es representacional. Pero, si el consecuente de B es leído en los términos sintácticos que acabo de introducir, solo dice que un rasgo sintáctico de un discurso asertórico es que sus oraciones pueden ser representacionalmente verdaderas. En ese caso, la tesis B expresa un contenido trivialmente verdadero: pues, de acuerdo con las reglas de transformación que he introducido, es trivial que si es un rasgo sintáctico de un discurso asertórico que sus oraciones tienen condiciones de verdad, entonces también es un rasgo sintáctico de ese discurso que sus oraciones pueden ser representacionalmente verdaderas.

Así que la tesis B es, bajo esta lectura, una tesis minimalista que un cuasi-realista sofisticado puede aceptar, concluyendo que el discurso sobre la mente propia es un discurso representacional. Está claro también que si el quietista representacional solo está comprometido con una lectura sintáctica del consecuente de B, el cuasi-realismo es compatible con el quietismo representacional: pues, el cuasi-realista que niega que un uso de la oración “Me duele la pierna” consiste en la representación de la forma como es la realidad extralingüística, no estaría negando nada que el quietista representacional afirme. Supongamos, por el contrario, que el quietista representacional está comprometido con una lectura semántica del consecuente de B: su contenido es que un discurso asertórico es un discurso representacional en el sentido de que, además de ser legítimas ciertas transformaciones sintácticas, el uso de las oraciones del discurso consiste en la representación de la forma como es la realidad extralingüística. Pero, es obvio que del hecho de que podamos transformar la oración “Es verdad que me duele la pierna” en la oración “Es verdadera la representación de que me duele la pierna”, no se sigue trivialmente que el uso de la oración “Me duele la pierna” consiste en la representación de la forma como es la realidad extralingüística. Luego, la tesis B no es una tesis minimalista bajo una lectura semántica del consecuente. De hecho, me atrevo a decir que estamos ante un caso de un tipo de falacia que, por analogía con la falacia naturalista, puede concebirse como una falacia sintáctica: así como la falacia naturalista es tratar de derivar propiedades normativas de propiedades naturales, la falacia sintáctica es tratar de derivar propiedades semánticas, como el carácter representacional de un discurso, de propiedades meramente sintácticas o lógicas, como el uso de un operador enfático. De manera que si el quietista representacional va a distinguirse del cuasi-realista cae en una falacia sintáctica o, en el mejor de los casos, defiende una lectura de la tesis B tal (con un antecedente sintáctico y un consecuente semántico) que deja de ser una tesis minimalista.

En otras palabras, el quietista está ante un dilema: o bien el paso 4) es una falacia sintáctica y, por tanto, el argumento desde el minimalismo hasta el quietismo representacional es inválido, o bien el paso 4) no es realmente falaz (pues, es posible derivar la semántica de la sintaxis) y el argumento es válido, pero el paso 4) no es una tesis minimalista y, por tanto, el argumento no es un argumento minimalista sobre el quietismo representacional. Si, en contra de lo que estoy suponiendo, el quietista representacional hubiera hecho una lectura semántica del consecuente de la tesis A, entonces este mismo dilema ya se habría presentado con respecto al paso 2) del argumento. En ese caso, es cierto que la tesis B sería una tesis minimalista bajo una lectura meramente semántica: si las oraciones de un discurso tienen realmente condiciones de verdad en el sentido de que una comprensión de las oraciones especifica las circunstancias extralingüísticas en que las oraciones son verdaderas, entonces se sigue trivialmente que un uso de esas oraciones consiste en una representación de la forma como es la realidad extralingüística. Pero, obviamente, el quietista no habría podido llegar hasta el paso 4) teniendo que enfrentar previamente un dilema paralizante con respecto al paso 2).

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