Racionalidad o relativismo global (I)

Vuelvo otra vez (otra vuelta de tuerca, sí) a la tesis de P. Boghossian (en Fear of Knowledge) de que el argumento tradicional contra el relativismo global sobre los hechos o la verdad no funciona. La idea detrás del argumento, que el relativista tiene que comprometerse con alguna verdad absoluta, es correcta. Boghossian propone un nuevo argumento que llevaría al relativista a ese compromiso y, por tanto, a la incoherencia. Pero, el argumento tradicional no probaría, como pretende, que el relativismo global caiga en el dilema de ser autorrefutante o ser racionalmente defectivo. Por eso, dejando de lado la carga de una autorrefutación directa, la crítica de Boghossian al argumento tradicional consiste en establecer la racionalidad del relativista: pues, si el relativista no tiene que ser irracional al proponer la relativización de su propia tesis, entonces no es llevado a una elección forzosa entre ser relativista o ser racional. Mi objetivo es mostrar que, paradójicamente, el supuesto de que el relativista actúa racionalmente al relativizar su propia tesis conduce a una reducción al absurdo de la racionalidad de esa jugada relativizadora. Así que, en efecto, uno tiene que elegir entre ser relativista o ser racional.

Boghossian toma prestada de T. Nagel una de las incontables formulaciones del argumento tradicional, donde el relativismo global es considerado como una forma de subjetivismo:

“Para expresarlo esquemáticamente, la afirmación ‘Todo es subjetivo’ ha de ser un absurdo, porque debería, ella misma, ser o bien subjetiva o bien objetiva. Pero, no puede ser objetiva, ya que en tal caso sería falsa si fuera verdadera. Y no puede ser subjetiva, pues entonces no excluiría ninguna afirmación objetiva, incluyendo la afirmación de que es objetivamente falsa. Puede haber algunos subjetivistas que, tal vez haciéndose llamar pragmatistas, presenten el subjetivismo como aplicándose incluso a sí mismo. Pero, entonces este no precisa ninguna réplica, ya que no es más que un informe acerca de lo que el subjetivista encuentra placentero decir. Si, además, nos pide que nos unamos a él, no necesitamos ofrecer razón alguna para decir que no, puesto que no nos ha dado ninguna razón para aceptar” (La última palabra, p. 27, énfasis mío).

Es evidente que referirse al relativismo global como una forma de subjetivismo no es argumentativamente neutral. El relativismo global es un subjetivismo porque el relativista no nos ha dado (ni, diríamos, puede darnos) ninguna razón para aceptarlo. Este (y el próximo) post está dedicado a la cuestión de lo que ocurre con un relativismo que, aplicándose incluso a sí mismo, puede darnos razones, y tal vez las mejores razones, para convertirnos en relativistas. Mi conclusión es que, a fin de cuentas, el relativismo más racional lleva a algún tipo de incoherencia o absurdo. De manera que el relativista tiene que elegir entre ser subjetivista o ser racional. Si elige ser subjetivista, el argumento tradicional en la formulación de Nagel es concluyente: en el mejor de los casos el relativista solo nos informa acerca de lo que encuentra placentero decir, y no estamos obligados a dar importancia a su palabra. Si elige ser racional, las consideraciones que voy a presentar le sitúan todavía más abajo: su palabra no solo estaría exenta de razones sino que, en el mejor de los casos, hablaría en contra de su propia racionalidad.

En lo que sigue voy a reformular el argumento tradicional de Nagel como si la tesis relativista global pudiera expresarse mediante una aserción de la oración “Todos los hechos son relativos”. El dilema de Nagel va a ser reformulado como un dilema entre una interpretación absolutista o una interpretación relativista de esa aserción. (Me referiré a los hechos sin cursiva y a las proposiciones, o contenidos proposicionales de una aserción, con cursiva). De entrada, siguiendo a Boghossian, digamos que un hecho absoluto es un hecho de la forma: p. Si la aserción de “p” tiene el contenido proposicional p es que estamos interpretando la aserción de “p” en términos absolutos. Entonces, en función de su contenido proposicional y del esquema de equivalencia sobre la verdad de las proposiciones (el esquema de equivalencia usual tal que, en el lado derecho de una de sus instancias, la proposición misma especifica su condición de verdad), tenemos que la aserción de “p” es verdadera si, y solo si, p. Por otro lado, un hecho relativizador es un hecho de la forma: Según la teoría T, p. Si la aserción de “p” tiene el contenido proposicional Según la teoría T, p es que estamos interpretando la aserción de “p” en términos relativos. Así que, en función de su contenido proposicional y del esquema de equivalencia, tenemos que la aserción de “p” es verdadera si, y solo si, según la teoría T, p. En este último caso, el giro expresivo relativizador es en lo que consiste decir que un hecho es relativo a alguna teoría. Boghossian (pp. 52-57) no habla, como yo acabo de hacer, de hechos relativizadores sino solo de hechos relativizados mediante el giro expresivo relativizador. No veo que eso introduzca una diferencia relevante.

Ahora bien, como Boghossian señala (p. 50), la interpretación relativista así entendida no es suficiente para dar cuenta de las condiciones pragmáticas de una aserción. Si mi aserción de “Hubo dinosaurios” tuviese el contenido proposicional Según la teoría T, hubo dinosaurios, yo no me estaría comprometiendo con el hecho de que hubo dinosaurios: es compatible la creencia de que según la teoría T, hubo dinosaurios, con la creencia de que no hubo dinosaurios. Sin embargo, toda interpretación de una aserción como la aserción de “Hubo dinosaurios” debe reflejar un compromiso, por parte del hablante, con el modo de ser de las cosas en el mundo. De manera que, en una interpretación relativista, la aserción de “Hubo dinosaurios” debe tener el contenido proposicional Según la teoría T que creo, hubo dinosaurios.

A partir de estas consideraciones, el argumento tradicional consiste en preguntarse qué ocurre si la aserción de “Todos los hechos son relativos” es interpretada tanto en términos absolutos como en términos relativos: como expresando la proposición Todos los hechos son relativos o como expresando la proposición Según la teoría T que creo, todos los hechos son relativos. Si la aserción es interpretada en términos relativos , entonces, siendo verdadera, hay un hecho relativizador de la forma: Según la teoría T que el hablante relativista cree, todos los hechos son relativos. (La aserción relativista, interpretada en términos absolutos, lleva a una inmediata autorrefutación lógica, cosa que Boghossian no pone en cuestión, p. 53. Como Nagel lo expresa: sería falsa si fuera verdadera. No voy a ocuparme de la interpretación absolutista porque el argumento tradicional no es criticado a ese respecto).

Un adversario tradicional del relativismo afirma, en primer lugar, que, a pesar de que interpretada en términos relativos la aserción de “Todos los hechos son relativos” puede ser verdadera, a la vez el relativismo global puede ser falso: aunque según la teoría T que el relativista cree, todos los hechos sean relativos, puede ser que realmente no todos los hechos sean relativos . En términos de Nagel: la aserción relativista no excluiría la aserción de que es objetivamente falsa. Pero, esta respuesta es una petición de principio contra el relativismo global. En efecto, que no todos los hechos son relativos implica, sin duda, que realmente hay algún hecho absoluto. Obviamente, el relativista que realiza la aserción de “Todos los hechos son relativos” está comprometido, debido a la teoría T que cree, con que todos los hechos son relativos. No es legítimo responderle, simplemente, que puede haber un hecho absoluto. (Una respuesta análoga puede encontrarse en S. Blackburn, La verdad, pp. 79-81).

El adversario tradicional afirma, en segundo lugar, que la aserción de “Todos los hechos son relativos”, interpretada en términos relativos, solo expresa lo que el relativista está dispuesto a creer y que, por eso, el relativista no está dando razones que merezcan una respuesta razonada: el adversario podría argumentar que, en la medida en que el relativista abraza el credo relativista al dejarse llevar por la mera opinión, y él, el adversario, tiene razones para no ser relativista, el relativismo global no es una opción racional . En términos de Nagel: la aserción relativista solo es un informe acerca de lo que el relativista encuentra placentero decir, pues no nos ha dado ninguna razón para aceptarla. En este punto es donde Boghossian (p. 54; y, más adelante, sobre el relativismo epistémico y la justificación, pp. 82-84) encuentra un serio problema con el argumento tradicional. Sostiene que del supuesto de que la aserción relativista sea interpretada en términos relativos, no se sigue que la aserción solo expresa una inclinación subjetiva del relativista. Como ya es explícito en mi formulación del argumento tradicional, la referencia a una teoría T indica que el relativismo global no tiene que ser racionalmente gratuito, sino que puede estar racionalmente articulado. El anti-relativista puede decir, claro está, que él también tiene razones para no ser relativista, pues, según la teoría T* que cree, no todos los hechos son relativos. Pero, es posible que el relativista argumente que la teoría T según la cual todos los hechos son relativos es la teoría que es más racional creer para cualquiera: de este modo, puede decir que la aserción de “Todos los hechos son relativos” expresa la tesis de que según la teoría T que es más racional creer, sea uno de entrada relativista o anti-relativista, todos los hechos son relativos. En otras palabras, el relativismo global sería una consecuencia, advertida o inadvertida por el creyente, de la teoría T que él debe creer porque es lo más racional que puede creer.

Supongamos que Boghossian está en lo correcto. Si la aserción de “Todos los hechos son relativos” es interpretada en términos relativos, entonces, siendo verdadera, hay un hecho relativizador de la forma: Según la teoría T que es más racional creer para cualquiera, todos los hechos son relativos. Obviamente, de ahí se sigue que según la teoría T que es más racional creer para , el hablante relativista, todos los hechos son relativos.

De entrada, no estamos directamente ante un caso de autorrefutación lógica, en que una aserción es a la vez verdadera y falsa y, por tanto, falsa: es lógicamente compatible la verdad de lo que la aserción dice y que, por tanto, sea un hecho que según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos, con que ese hecho relativizador sea, falsando así la teoría T, un hecho absoluto. Es suficiente suponer que ese hecho relativizador no es a su vez un hecho relativo a alguna teoría . Si suponemos lo contrario, caemos en un regreso al infinito, pues ahora cabe preguntarse si el nuevo hecho relativizador (en cuyos términos el hecho relativizador original resulta relativizado) es o no es un hecho relativo a alguna teoría, y así sucesivamente. Una opción es, desde luego, detener el regreso en algún punto de la serie y suponer que ese hecho relativizador, a diferencia de los anteriores, es un hecho absoluto. Pero, la solución es estéril: si la aserción relativista fuera verdadera habría, después de todo, un hecho absoluto. (Boghossian utiliza esta estrategia de regreso al infinito en la formulación de su nuevo argumento contra el relativismo global, pp. 54-57. Él sostiene que, según el relativista global, cualquier aserción tendría que expresar una proposición infinita y que, sin embargo, una proposición infinita es sin duda algo que no podemos expresar ni comprender. Del mismo modo, la aserción de “Todos los hechos son relativos” tendría que expresar una proposición infinita: estaríamos ante un caso de un fenómeno al que podríamos referirnos como inexpresabilidad semántica de la tesis relativista. Pero, en lo que sigue no voy a ocuparme de este tipo de argumentación). Así que supongamos que el hecho relativizador original no es a su vez un hecho relativo a alguna teoría. Si la aserción fuera verdadera habría, entonces, un hecho absoluto, pero la aserción no dice que todos los hechos son relativos, en cuyo caso el relativista no cae en contradicción alguna: la teoría T sería falsada pero no sería verdadera y falsa a la vez la aserción de que según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos.

Ahora bien, estamos ante un caso de autorrefutación pragmática. Esta forma de autorrefutación consiste en que, debido a las condiciones pragmáticas necesarias para aseverar algo, la realización de una aserción entraña que la aserción es falsa. Desde Descartes, el ejemplo paradigmático es una aserción de “No existo” : si yo asevero que no existo, es que existo mientras realizo la aserción, de manera que la aserción tiene que ser falsa. En efecto, mi existencia es una condición pragmática necesaria para realizar cualquier aserción y, por tanto, la aserción de “No existo” niega la condición pragmática que necesariamente tuvo que darse al realizar esa aserción, que, por tanto, es falsa. En algunos casos, esta forma de autorrefutación está basada en el fenómeno semántico de la presuposición: p es una presuposición de q cuando p tiene que ser verdadera para que q pueda tener un valor de verdad, es decir, cuando q tiene un valor de verdad solo si p es verdadera. Aunque la presuposición es, obviamente, una relación semántica entre contenidos proposicionales, también puede considerarse como una condición pragmática necesaria para aseverar algo: pues, es argumentable que nadie puede aseverar algo que no sea verdadero o falso. De manera que si la presuposición de una aserción no se diera, el hablante no podría haber realizado la aserción. (P. F. Strawson, quien introdujo el fenómeno de la presuposición, parece sostener, en cambio, que el hablante habría realizado una aserción que no tiene valor de verdad. Entonces, según Strawson, la presuposición sería un fenómeno puramente semántico. En lo que sigue considero la presuposición como una condición pragmática de la aserción). Pero, es seguro que una presuposición de que la aserción de “Todos los hechos son relativos”, interpretada en términos relativos, pueda realizarse y ser verdadera o falsa, es que sea verdadera la proposición T es la teoría que es más racional creer para mí.

Por otra parte, hay un principio básico sobre la normatividad de la creencia:

1) Uno debe creer que p solo si p (es verdadera).

(Una defensa de este principio puede leerse en P. Engel, Truth, pp. 126-131). Además, hay un sentido claro en que el deber en que consiste el carácter normativo de la creencia incluye el carácter racional de la creencia y, por tanto, podría pensarse que el principio 1) sobre la verdad como norma de la creencia entraña este principio sobre la racionalidad de la creencia:

2) Uno cree racionalmente que p solo si p (es verdadera).

De otro modo, podríamos encontrarnos con una situación extraña. Supongamos que p no es verdadera (es falsa). Entonces, según 1) uno no debe creer que p. Sin embargo, como el carácter normativo de la creencia no incluye su carácter racional en el sentido de 2), no está en cuestión que uno pueda creer racionalmente que p. En esta situación, no habría incompatibilidad entre que una persona no deba creer que p y, no obstante, crea racionalmente que p, lo que parece absurdo (o, al menos, contraintuitivo). Pero, sustraernos a esa incompatibilidad nos compromete con el principio de que si es racional creer que p entonces uno debe creer que p (de manera que si uno no debe tener la creencia tampoco es racional tenerla), lo cual también suena bastante contraintuitivo. De hecho, que el carácter normativo de la creencia incluye su carácter racional es suficiente y adecuadamente recogido por el principio de que si uno debe creer que p entonces es racional creer que p : pero, obviamente, de este principio no se sigue (por transitividad de los condicionales) que 1) entraña 2). En cambio, es mucho menos contraintuitivo el principio de que si es máximamente racional creer que p entonces uno debe creer que p, pues en ese caso no habría razones (contra-razones) que eximieran a uno de la obligación de tener la creencia. Supongamos que este principio no es válido: si p no es verdadera, según 1) uno no debe creer que p pero, con todo, podría ser máximamente racional que uno crea que p. Esto nos conduce a que no hubiera incompatibilidad entre que una persona no deba creer que p y, sin embargo, sea máximamente racional su creencia de que p! No veo cómo pueda aceptarse esta consecuencia. Así que dado el principio 1) sobre la verdad como norma de la creencia y el principio de que si es máximamente racional creer que p entonces uno debe tener esa creencia, llegamos por transitividad de los condicionales al siguiente principio sobre la máxima racionalidad de la creencia:

3) Es máximamente racional que uno crea que p solo si p (es verdadera).

Más aún, para los propósitos de la autorrefutación pragmática del relativismo no es necesario aceptar el principio 1), que es ampliamente discutido. Supongamos otra vez que p no es verdadera (es falsa). Como ya no es aceptado el principio sobre la verdad como norma de la creencia, no se sigue que uno no deba creer que p. Pero, del principio 3) se sigue que no es lo más racional que uno crea que p, y esta consecuencia tiene plausibilidad por sí misma. En efecto, lo que carece de plausibilidad es una situación en que sea compatible que la creencia de que p es falsa y, no obstante, es máximamente racional creer que p: cuando menos, lo más racional sería abstenerse de tener la creencia.

Vayamos ahora a juntar los hilos de la argumentación. El problema inicial es que, como vimos antes, si la aserción relativista es verdadera, la teoría T es falsa: habría un hecho relativizador absoluto (el hecho de que según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos) que la falsa. Pero, teniendo en cuenta el principio 3) sobre la máxima racionalidad de la creencia, llegamos independientemente a la siguiente conclusión: si la teoría T es falsa, es falsa la proposición de que T es la teoría que es más racional creer para mí. De acuerdo con el fenómeno de la presuposición, estamos entonces ante una clara autorrefutación pragmática. Por un lado, la proposición de que T es la teoría que es más racional creer para mí tiene que ser verdadera, como presuposición, para que la aserción de que según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos, pueda realizarse y ser verdadera. Por otro lado, si esta última aserción relativista es verdadera, entonces, como la teoría T es falsa, la proposición de que la teoría T es la teoría que es más racional creer para mí es falsa! En suma, la presuposición de que T es la teoría que es más racional creer para mí tiene que darse, para que la aserción relativista pueda realizarse y tener un valor de verdad. Pero, entonces, la aserción relativista tiene que ser falsa. Pues, si (por el favor del argumento) la aserción relativista fuera verdadera, la teoría T sería falsa y la presuposición no se daría, en cuyo caso la aserción relativista no podría realizarse ni tendría realmente valor de verdad alguno. Por tanto, la condición pragmática de la presuposición como condición de posibilidad de que la aserción de “Todos los hechos son relativos”, interpretada en términos relativos, pueda realizarse y tenga algún valor de verdad, determina que la aserción relativista sea falsa. En otras palabras: si T es la teoría que es más racional creer para mí, es falso que según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos.

La única salida a la autorrefutación pragmática es dar paso a una forma de autorrefutación lógica del relativismo global, a pesar de que inicialmente descartamos esa posibilidad: digamos que es indirectamente un caso de autorrefutación lógica. En efecto, supongamos que la proposición T es la teoría que es más racional creer para mí no es una presuposición de la aserción de “Todos los hechos son relativos”, interpretada en términos relativos. Entonces, debemos considerar que la relación de esa proposición con el contenido proposicional de la aserción relativista, más que un fenómeno pragmático, es un fenómeno puramente semántico. Hay dos opciones a la vista: o bien esa proposición es parte del contenido proposicional de la aserción relativista o bien es una consecuencia lógica de la aserción relativista. En el primer caso, la aserción relativista tiene ahora el contenido proposicional: T es la teoría que es más racional creer para mí y según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos. Es suficiente suponer que el hecho conjuntivo correspondiente, o cualquier miembro del hecho conjuntivo, no es un hecho relativo a alguna teoría : luego, si la aserción de “Todos los hechos son relativos” es verdadera, la teoría T es falsa, pues hay al menos un hecho absoluto que la falsa. Aplicando el principio 3) sobre la máxima racionalidad de la creencia, llegamos otra vez a la conclusión de que es falsa la proposición de que la teoría T es la teoría que es más racional creer para mí. Pero, como esa proposición falsa es ahora parte (un miembro) del contenido proposicional conjuntivo de la aserción relativista, resulta que, según el significado lógico de la conjunción, la aserción relativista es falsa! En otras palabras: si la aserción relativista es verdadera, entonces es falsa y, por tanto, es falsa.

En el segundo caso, la aserción de “Todos los hechos son relativos” tiene el mismo contenido proposicional que antes, es decir, expresa la proposición Según la teoría T que es más racional creer para mí, todos los hechos son relativos, que ahora entraña o implica lógicamente la proposición T es la teoría que es más racional creer para mí. Es suficiente suponer que el hecho relativizador correspondiente a la proposición expresada no es un hecho relativo a alguna teoría: luego, si la aserción relativista es verdadera, la teoría T es falsa y, por aplicación del principio 3) sobre la máxima racionalidad de la creencia, entonces, es falsa la proposición de que T es la teoría que es más racional creer para mí. Pero, como esa proposición falsa es ahora entrañada por el contenido proposicional de la aserción relativista, resulta que, según la relación de consecuencia lógica, la aserción relativista es falsa. Así que la aserción relativista es verdadera y falsa a la vez y, por tanto, es falsa.

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