Relativismo indéxico y relatividad ontológica (II)

Terminé el post anterior abriendo la cuestión de cómo explicar, desde el relativismo indéxico, la posibilidad de un desacuerdo sobre la referencia. En un próximo post argumentaré que si la relatividad ontológica empieza en casa, es decir, alcanza a nuestro propio lenguaje, una formulación de la relatividad ontológica en términos de relativismo indéxico entraña la posibilidad del desacuerdo: so pena de que la comunicación no sea posible. Ahora voy a presentar la estrategia más adecuada para que el relativista indéxico pueda dar cuenta de un desacuerdo efectivo.

De entrada, vuelvo a presentar brevemente la relatividad ontológica que empieza en casa en términos de relativismo indéxico. Supongamos que realizo una emisión de

1) “conejo” refiere a los conejos.

La idea es que 1) tiene realmente la forma lógica:

2) “conejo” refiere-en-L a los conejos según mi manual de traducción para L.

Entonces, el contexto de uso determina que mi emisión de 1) exprese la siguiente proposición: “conejo” refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción* para el Español. Pues, digamos, mi manual de traducción para el Español es precisamente el manual de traducción*. Supongamos ahora que mi amiga Carmen realiza una emisión de

3) “conejo” no refiere a los conejos.

Como 3) es la negación de 1), debe tener realmente la forma lógica:

4) “conejo” no refiere-en-L a los conejos según mi manual de traducción para L.

En este caso, el contexto de uso determina que la emisión de 3) por Carmen exprese la proposición: “conejo” no refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción** para el Español. Pues, digamos, su manual de traducción para el Español es precisamente el manual de traducción**.

Sobre la base de que (como muestran los asteriscos) nuestros manuales de traducción no son el mismo, Carmen y yo expresamos proposiciones que no son incompatibles y, por tanto, no estamos en desacuerdo. Más bien, la situación es como aquella en la que yo emitiera la oración “Me duelen las muelas” y ella emitiera la oración “No me duelen las muelas”: dejando fuera la posibilidad de que el solipsismo sea verdadero y solo exista un sujeto de experiencias, es evidente que Carmen y yo no nos estamos contradiciendo mutuamente. Como M. Kölbel señala (en “Indexical Relativism vs. Genuine Relativism”, p. 305), un defensor del relativismo indéxico podría argumentar que, después de todo, 3) es la negación de 1), es decir, ella ha emitido una oración que es sintácticamente la negación de la oración que yo he emitido, y que en ese sentido lo que uno dice contradice lo que dice el otro. Sin embargo, lo propio de un desacuerdo genuino es que uno no podría aceptar racionalmente lo que el otro ha dicho sin cambiar de creencia (p. 305): pero, está claro que yo puedo aceptar racionalmente que “conejo” no refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción** sin dejar de creer que “conejo” refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción*.

El defensor del relativismo indéxico tiene que hacer frente, además, a ciertos hechos básicos sobre la conversación. No he estado asumiendo que Carmen y yo estábamos involucrados en un intercambio comunicativo, pero el relativismo indéxico tiene que dar cuenta de ello. Así que supongamos que yo realizo una emisión de 1) y Carmen me responde con una emisión de 3), o equivalentemente:

3+) No, estás equivocado: “conejo” no refiere a los conejos.

Como Kölbel sostiene (Truth Without Objectivity, Londres: ILP, 2002, pp. 39-40), una emisión de 3+) debe ser intuitivamente interpretada como equivalente a una aserción que niega lo que fue originalmente aseverado mediante una emisión de 1). En otras palabras, si 1) tiene realmente la forma lógica de 2), como el relativista indéxico afirma, una respuesta o comentario negativo debe ser interpretado como una aserción que niega el contenido aseverado por el hablante inicial, no como una aserción que niega el contenido que el otro hablante, el comentarista, hubiera aseverado en caso de haber realizado una emisión de 1). Luego, en el contexto de una conversación, una emisión de 3), o equivalentemente de 3+), tiene realmente la forma lógica:

5) “conejo” no refiere-en-L a los conejos según tu manual de traducción para L.

De manera que Carmen debe ser interpretada como aseverando que “conejo” no refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción* para el Español, que es la negación del contenido proposicional que yo aseveré. Entonces, Carmen y yo estaríamos contradiciéndonos el uno al otro.

El relativista indéxico dispone de dos vías para salir de este embrollo. Primero, él puede argumentar simplemente que el análisis de la conversación recién propuesto es válido para la emisión de toda clase de oraciones, incluyendo las que tienen indéxicos explícitos como “Me duelen las muelas”, excepción hecha de las clases de oraciones que reciben una interpretación relativista. Así que una respuesta negativa a la emisión de “Me duelen las muelas” es equivalente a decir que “Me duelen las muelas” no es verdadera (del estado) del hablante inicial, mientras que una respuesta negativa a la emisión de “‘conejo’ refiere a los conejos” es equivalente a decir que “‘conejo’ refiere a los conejos” no es verdadera (del manual de traducción) del hablante que responde negativamente. Obviamente, esto significa que la negación recibe un tratamiento diferente con respecto a distintas clases de oraciones (p. 40). Lo principal es que el relativista indéxico estaría reconociendo que no puede explicar por qué Carmen y yo mantenemos algún tipo de desacuerdo.

Segundo, el relativista indéxico puede rechazar también el análisis previo para las clases de oraciones que reciben una interpretación relativista, pero llevar a cabo ciertos ajustes que explican la existencia de un desacuerdo en la conversación. A continuación hago uso libre de una propuesta de D. López de Sa (en “The Many Relativisms and the Question of Disagreement”), sin excesivos tecnicismos. Me parece que, a grandes rasgos, la idea es la siguiente. De entrada, una emisión de 3), o equivalentemente de 3+), tiene realmente la forma lógica de 4), no de 5). Pero, es necesario distinguir el caso en que una emisión de 3) ocurre en el contexto de una conversación ordinaria, no defectiva, del caso en que no es así. Pues bien, en el primer caso, pero no en el segundo, una emisión de 3) es tal que los participantes en la conversación están obligados a hablar bajo la presuposición de que el manual de traducción usado en la conversación es el mismo para todos los participantes. El fenómeno de la presuposición es un fenómeno básicamente semántico pero tiene la consecuencia pragmática, al menos en una lectura cercana a la de Strawson, de que una emisión de 3) no estaría expresando proposición alguna si la presuposición no es satisfecha. Supongamos, entonces, que yo realizo una emisión de 1) con el contenido proposicional: “conejo” refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción* para el Español. Carmen me responde con una emisión de 3) que tiene realmente la forma lógica:

4) “conejo” no refiere-en-L a los conejos según mi manual de traducción para L.

Si tanto Carmen como yo conversamos bajo la presuposición de que el manual de traducción usado en la conversación es el mismo para ambos, resulta que si el contenido expresado en mi emisión de 1) incluye el manual de traducción*, el contenido expresado en la emisión de 3) por Carmen debe incluir el manual de traducción*. Ciertamente, Carmen no está tratando de hablar de mi manual de traducción (como requeriría un análisis de la conversación en que una emisión de 3) tuviera la forma lógica de 5)) sino del suyo, pero dada la presuposición bajo la que estamos conversando nuestros manuales de traducción son el mismo. De manera que en su conversación conmigo, Carmen realizó una emisión de 3) con el contenido proposicional: “conejo” no refiere-en-Español a los conejos según el manual de traducción* para el Español. Pues, en el contexto de la conversación su manual de traducción es precisamente el manual de traducción*. La conclusión es que el relativista indéxico ha logrado dar cuenta de lo que intuitivamente era un desacuerdo entre Carmen y yo: de hecho, para aceptar racionalmente lo que el otro ha dicho uno de los dos debería cambiar de creencia.

Este enfoque, además de dar cuenta de la existencia efectiva de un desacuerdo, tiene la ventaja de tolerar que en otro contexto que una conversación ordinaria Carmen y yo podamos estar hablando de la referencia de la palabra “conejo” según manuales de traducción que no son el mismo. Supongamos que Carmen entra en mi cuarto sin haberme oído realizar inmediatamente antes (en soliloquio) una emisión de 1) y realiza una emisión de 3). En este contexto no rige la presuposición de que ambos estamos usando el mismo manual de traducción, en cuyo caso ni Carmen ni yo dejamos de decir algo por el hecho de que yo esté usando el manual de traducción* y ella esté usando el manual de traducción**. Con todo, el enfoque propuesto enfrenta algunas dificultades. Como sucedía con la primera respuesta del relativista indéxico, no damos un tratamiento uniforme de la negación: la negación funciona diferentemente para las clases de oraciones que reciben una interpretación relativista y para las demás clases de oraciones, incluyendo las que son explícitamente indéxicas. Creo que López de Sa no ha visto este problema.

Pero, lo más relevante es que esta estrategia asume desde el principio, como un hecho intuitivo y no cuestionable sobre el desacuerdo, que en el contexto de una conversación ordinaria (no defectiva) consistente, por ejemplo, en la emisión de 1) y en la emisión de 3), Carmen y yo estaríamos contradiciéndonos el uno al otro (el lema DESACUERDO GENUINO, p. 275). En otras palabras, la estrategia de López de Sa, análogamente a una característica argumentación trascendental, parte de la existencia efectiva de un desacuerdo genuino para introducir el fenómeno semántico y pragmático de la presuposición como una condición de posibilidad, desde el relativismo indéxico, del no cuestionable punto de partida. Luego, el fenómeno de la presuposición es introducido ad hoc: no es introducido más que en el contexto de explicar la posibilidad de un desacuerdo genuino, y ello hace que parezca gratuito. No hay una razón independiente para concluir que, por ejemplo, Carmen y yo tenemos que estar usando el mismo manual de traducción en la conversación. De hecho, el fenómeno de la presuposición no es introducido, como es habitual tanto con el recurso particular a la presuposición como con el recurso general a las implicaturas, en el contexto de explicar directamente la posibilidad de una conversación ordinaria, no defectiva (con independencia de que haya o no haya un desacuerdo genuino). En el próximo post voy a argumentar que, para poder formular la tesis de la relatividad ontológica que empieza en casa en términos de relativismo indéxico, el recurso a la presuposición está en el desempeño de su función habitual. La estrategia en cuestión partirá de la existencia efectiva de una conversación ordinaria para introducir el fenómeno de la presuposición como una condición de posibilidad de un no cuestionable intercambio comunicativo. La razón por la que Carmen y yo tenemos que estar usando el mismo manual de traducción es la conversación misma, no el desacuerdo entre ambos: pero, como resultado de ello, Carmen y yo estamos contradiciéndonos el uno al otro.

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