Dummett y Strawson sobre el antirrealismo

Presento brevemente el antirrealismo semántico de M. Dummett, y de ahí paso a discutir una objeción formulada por P. F. Strawson. Mi tesis es que si la respuesta de Dummett es correcta, una teoría del significado moldeada epistemológicamente (según la cual el significado de una oración es el contenido del conocimiento poseído por el hablante que constituye su comprensión de la misma) puede ser realista.

Por un lado, Dummett da la siguiente formulación metafísica del realismo: “Lo que se busca es una caracterización de la realidad que no sea dependiente, para su verdad o su inteligibilidad, de nuestra posición particular en el mundo, nuestras concretas facultades de percepción, nuestras capacidades intelectuales y nuestra perspectiva espacio-temporal” (en The Interpretation of Frege’s Philosophy, Cambridge Mass.: Harvard University Press, 1981, p. 452). Por otro lado, según él lo característico de una teoría veritativo-condicional del significado es que el significado de una oración no nos es dado en términos de los medios de que disponemos para reconocerla como verdadera. Nuestra comprensión de la oración consiste, por el contrario, en el conocimiento de lo que tiene que darse para que sea verdadera, con independencia de nuestra capacidad de reconocer que lo es: la noción de verdad en juego es radicalmente no epistémica. Por tanto, de la formulación metafísica del realismo y de la formulación de una teoría veritativo-condicional del significado para una clase de oraciones se sigue una formulación semántica del realismo con respecto al tópico de esa clase: las oraciones de esa clase serán determinadamente verdaderas o falsas a causa de cómo son las cosas en un mundo constituido independientemente de nuestro conocimiento o experiencia de él, es decir, con independencia de nuestra capacidad de reconocer el valor de verdad de las oraciones.

La verdad de las oraciones interpretadas según una teoría realista tiene dos rasgos. El rasgo básico es la bivalencia, que las oraciones en cuestión son determinadamente verdaderas o falsas: de manera que si una oración no es verdadera, entonces es falsa (su negación es verdadera), y viceversa. El rasgo derivado es la trascendencia al reconocimiento: si rige el principio de bivalencia, el valor de verdad de las oraciones puede ser trascendente a nuestra capacidad de reconocer o verificar que son verdaderas o falsas.

El argumento dummettiano contra una teoría realista del significado puede reducirse, a efectos de este post, a lo siguiente (me atengo parcialmente a la excelente exposición de García Suárez, Modos de significar, pp. 516-525). De entrada, está el requisito de manifestabilidad plena: una teoría del significado debe decir en qué consiste el conocimiento que constituye la comprensión de una oración en términos del modo en que ese conocimiento es manifestado en el uso de la oración. Supongamos que introducimos una teoría veritativo-condicional del significado. Dado que según Dummett una teoría del significado tiene que ser una teoría de la comprensión, debe haber un sentido en el que la teoría explica qué es lo que los hablantes conocen al conocer qué significan las oraciones del lenguaje. Una teoría veritativo-condicional tiene que suministrar una explicación de en qué consiste adscribirle a alguien un conocimiento de la condición que debe darse para que una oración sea verdadera. Paradigmáticamente, esa explicación apela a algún procedimiento efectivo que, en un tiempo finito, pondría al hablante en posición de reconocer si se da o no se da la condición para la verdad de la oración: el conocimiento de su condición de verdad consistirá, entonces, en un dominio del procedimiento para decidir si es verdadera o falsa. Luego, la captación de la condición de verdad se pone de manifiesto en la capacidad de aplicar el procedimiento decisorio.

Pero, en el lenguaje hay clases de oraciones indecidibles para las que no tenemos ningún medio efectivo de decidir su valor de verdad. Así que, dado el principio de bivalencia, tales oraciones tienen condiciones de verdad trascendentes al reconocimiento. Por ejemplo, un rasgo del lenguaje que da lugar a oraciones indecidibles es el uso de cuantificación ilimitada sobre totalidades infinitas (o no sipnotizables). Por ejemplo, la oración “Nunca se levantará una ciudad sobre este terreno” es indecidible porque cuantifica sobre todo tiempo futuro y contiene, por ello, una generalización ilimitada. Ahora bien, el conocimiento de condiciones de verdad trascendentes al reconocimiento no puede manifestarse plenamente en el uso. Cuando una oración es indecidible, el conocimiento de su condición de verdad no puede consistir en nuestra capacidad de reconocer que su condición de verdad se da o no se da, porque, por hipótesis, carecemos de esa capacidad. Por tanto, el conocimiento que le es adscrito a alguien a quien se le atribuye una comprensión de la oración trasciende su capacidad de manifestar ese conocimiento por el modo en que usa la oración. La conclusión es que una teoría realista del significado supone adscribirle al hablante un conocimiento del cual es imposible dar una explicación.

Una alternativa es una teoría verificacionista del significado, que trata la comprensión de una oración por un hablante como derivable de un conocimiento de lo que se necesita para reconocer una oración como verdadera. En una teoría así la noción central de verdad es radicalmente epistémica, pues la verdad de una oración es relativa a la capacidad de reconocer que es verdadera (si lo es). Por eso, lo mejor es reservar la noción de verdad para una teoría veritativo-condicional, y decir que en una teoría verificacionista la noción de verdad es reemplazada por una noción epistémica. Lo propio es tratar la comprensión de una oración por un hablante como derivable de un conocimiento de lo que se necesita para que una aserción de la oración esté justificada: la noción central será, pues, la de aseverabilidad justificada (o garantizada). Pues bien, bajo esta opción no hay problema ninguno en atribuirle a un hablante un conocimiento de la condición en la que consiste la comprensión por un hablante de ella. No hay problema porque se trata de una condición tal que puede considerarse que el hablante es capaz de reconocer si se da o no se da: en una teoría de este tipo la comprensión de una oración consiste en la capacidad de reconocer lo que cuenta como estar justificado en aseverar la oración, una condición cuyo reconocimiento es constitutivo de poder aseverarla. Luego, una teoría verificacionista satisface el requisito de manifestabilidad plena.

Pero, en el caso de las oraciones indecidibles, una teoría verificacionista no cuadra con una metafísica realista. La comprensión de una oración indecidible tiene que ser explicada en términos de la capacidad de reconocer qué justifica su aserción, en ausencia, por hipótesis, de una capacidad de reconocer su condición de verdad. Por tanto, la oración no tiene una condición de verdad trascendente al reconocimiento que haga de ella una oración determinadamente verdadera o falsa. Por una parte, como la oración no es determinadamente verdadera o falsa, la realidad es concebida como indeterminada en algún grado: tiene huecos, al igual que una novela tiene huecos en el sentido de que hay cuestiones sobre los personajes a las que no responde. Por otra parte, como la oración no tiene una condición de verdad trascendente al reconocimiento, la realidad es concebida como dependiente de nosotros: la teoría nos obliga a rechazar la idea de un mundo que contiene aspectos que pueden ser inaccesibles, con respecto a nuestras capacidades recognicionales.

Según Strawson (en “Scruton and Wright on Anti-Realism”), hay tres posibles respuestas verificacionistas sobre la relación entre comprensión, significado y condiciones de verdad. a) Puede negarse que una oración indecidible tenga una condición de verdad, y sostener que el significado y la comprensión están constituidos por su condición de aseverabilidad justificada: la noción central de la teoría verificacionista será una noción epistémica distinta de la verdad. b) Puede sostenerse que el significado y la comprensión están constituidos por condiciones de verdad, pero de manera que tales condiciones resulten identificadas con las condiciones de aseverabilidad justificada: la noción central será una noción epistémica de verdad. c) Puede sostenerse que la oración indecidible tiene una condición de verdad, y afirmar también que su significado y comprensión no están constituidos por esa condición de verdad sino por su condición de aseverabilidad justificada: la noción central será una noción no epistémica de verdad.

La objeción de Strawson a cada una de estas respuestas puede entenderse mejor sobre la base de una conexión trivial entre el contenido de una aserción y la noción de verdad, tal y como es formulada por J. McDowell (Ver McDowell: sentido, verdad e interpretación (i)). La conexión garantiza que una especificación correcta de lo que puede ser aseverado mediante una oración no puede ser más que la especificación de una condición bajo la que la oración es verdadera. La conexión es la siguiente. Si aseveramos algo mediante una oración, describimos algún aspecto de la realidad. Pero, cuando decimos que una oración es verdadera cancelamos el ascenso semántico y también describimos un aspecto de la realidad: ese aspecto que de hecho describimos aseverando la oración. Según esto, a) es insostenible porque no puede explicar qué es lo que está haciendo, de hecho aseverar algo, un hablante que usa la oración indecidible. Si la oración no tiene una condición de verdad, el hablante solo emite ruidos pero no realiza una aserción. Pero, b) también naufraga. Supongamos que el hablante asevera “Nunca se levantará una ciudad sobre este terreno”. Si la condición de aseverabilidad justificada es la condición de verdad, el hablante realmente habrá aseverado que ni ahora ni en un tiempo finito se levantará una ciudad sobre este terreno. Pero, ése no es el contenido de la aserción! El problema con c) es que el hablante estaría aseverando algo sin conocer qué es lo que estaba diciendo por el hecho de usar la oración. En efecto, el hablante estaría aseverando que nunca se levantará una ciudad sobre este terreno, pero como su comprensión de la oración no consiste en un conocimiento de su condición de verdad, no sabría que estaba diciendo que nunca se levantará una ciudad sobre este terreno. Pero, si no sabe lo que está diciendo, no tiene sentido adscribirle al hablante comprensión alguna, ni siquiera en términos de aseverabilidad justificada.

Dummett responde a la objeción aceptando la conexión trivial entre contenido aseverable y condición de verdad de una oración. Entonces, una teoría del significado como una teoría de la comprensión no estaría comprometida con a). Pero, la teoría diría que una explicación de lo que el hablante estaría haciendo al usar la oración, aseverando algo, tendría que ser dada en términos de su condición de aseverabilidad justificada: el contenido aseverable es la condición de verdad pero es aseverable debido a la condición de aseverabilidad justificada, en el sentido de que una explicación del uso de la oración es dada en términos de la capacidad de reconocer esa condición. Tampoco una teoría de la comprensión está comprometida con b). Si el contenido aseverable de una oración indecidible es su condición de verdad, entonces, por hipótesis, la oración tiene una condición de verdad trascendente a la capacidad de reconocerla, de manera que su condición de aseverabilidad justificada, que no es trascendente al reconocimiento, no es su condición de verdad: por tanto, la concepción de Dummett no está comprometida con una noción epistémica de verdad como noción semántica central. Con c) el verificacionismo sigue sin entrar en juego. De hecho, si la oración tuviera una condición de verdad pero ésta no estuviera relacionada de alguna forma con el significado y la comprensión del hablante, entonces la comprensión del hablante consistente en su conocimiento de la condición de aseverabilidad justificada constituiría el conocimiento que el hablante tiene de lo que realmente está diciendo al usar la oración. Si el hablante asevera “Nunca se levantará una ciudad sobre este terreno”, sabrá que está diciendo que ni ahora ni en un tiempo finito se levantará una ciudad sobre este terreno. Pero, ése no es el contenido de la aserción! La tesis dummettiana es que a) y c) presuponen que no es compatible afirmar a la vez que una oración indecidible tiene una condición de verdad que está conectada de alguna manera con el significado y la comprensión (conexión trivial entre contenido aseverable y condición de verdad) y que, sin embargo, el significado y la comprensión tienen que ser explicados en términos de su condición de aseverabilidad justificada. Este prejuicio depende, como pensaba Wittgenstein, de preocuparse excesivamente por lo que hace verdadera a una oración y, por ello, suscribir erróneamente la implicación de que si la oración tiene una condición de verdad (y el significado es el uso), la comprensión de la oración debe consistir en la capacidad de reconocer esa condición de verdad. En contra de esa implicación, es obvio que la comprensión de una oración como “Nunca se levantará una ciudad sobre este terreno” no puede consistir en la capacidad de reconocer su condición de verdad (en Truth and Other Enigmas, Cambridge Mass.: Harvard University Press, pp. xxxiv-xxxix).

Digamos, pues, que si una oración indecidible tiene una condición de verdad, entonces el hablante comprende la oración en términos de su condición de verdad, pero una explicación del conocimiento adscrito al hablante tiene que darse en términos de su condición de aseverabilidad justificada. Esto es una consecuencia del requisito de manifestabilidad plena. La comprensión de la oración por el hablante consiste en la captación de su condición de verdad, pero dicha captación va a ser explicada, a su vez, en términos de la capacidad de reconocer lo que cuenta como estar justificado en aseverar la oración: puede decirse que la captación de la condición de verdad superviene en esa capacidad recognicional, en el sentido de que necesariamente quien ejerce esa capacidad recognicional capta la condición de verdad y de que ello es suficientemente explicativo de esa captación. De manera que, si bien el conocimiento de la condición de verdad no tiene que darse a través de la capacidad de reconocimiento (según el concepto de superveniencia), en cambio, una explicación de ese conocimiento tiene que darse en términos de esa capacidad (según el requisito de manifestabilidad plena): pero, de hecho la misma relación de superveniencia garantiza la existencia de una explicación. El hablante que asevera “Nunca se levantará una ciudad sobre este terreno”, lo hace desde su conocimiento de la condición de verdad de la oración y, por tanto, asevera que nunca se levantará una ciudad sobre este terreno. Pero, su conocimiento de la condición de verdad y su capacidad de realizar la aserción pueden ser explicados en términos de su capacidad de reconocer que ni ahora ni en un tiempo finito se levantará una ciudad sobre este terreno. En otras palabras, el conocimiento de la condición de verdad no sobrepasa (a efectos explicativos) su capacidad finita de rastrear el futuro. Ahora bien, si ésta fuera finalmente la concepción de Dummett, no está nada claro que la teoría del significado tenga que ser verificacionista o antirrealista. Por el contrario, la noción central de la teoría del significado como una teoría de la comprensión será la de verdad no epistémica: la verdad de una oración indecidible será bivalente y trascendente al reconocimiento. Una teoría del significado moldeada epistemológicamente a la Dummett, es decir, concebida como una teoría de la comprensión, será compatible con el realismo.

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