McDowell: sentido, verdad e interpretación (III)

Como es sabido, el programa de la interpretación radical de Davidson es una respuesta al requisito de interpretatividad que grava sobre los teoremas de una teoría de la verdad como una teoría del significado. La idea original de Davidson era que una oración ‘p’ daría el significado de una oración ‘o’ si fuera posible construir una oración-V, una oración con el relleno ‘es verdadera si y solo si’, que resultara verdadera. La objeción de J. Foster fue que, entonces, una oración como

(O) “La nieve es blanca” es verdadera si, y solo si, la hierba es verde

que es una oración-V verdadera en términos de la semántica del bicondicional material, contendrá en el lado derecho la condición de verdad de la oración “La nieve es blanca” y, por tanto, especificará su significado o sentido. Pero, es obvio que la oración (O) no es interpretativa a ese respecto. Por otro lado, Davidson no puede resolver el problema mediante el expeditivo procedimiento de imponer, como en la Convención-V de Tarski, la condición de que ‘p’ sea usada para dar una traducción correcta de ‘o’: el concepto de traducción correcta presupone el concepto de identidad de significado, que es lo que está en cuestión.

La tesis de la interpretación radical es que el intérprete determinará que oraciones-V verdaderas son interpretativas a partir de ciertas constricciones empíricas concernientes a la evidencia relevante sobre los hablantes. Davidson halla tal evidencia en la actitud proposicional de los hablantes consistente en tener por verdadera una oración de su lenguaje. La apelación a esta actitud es metodológicamente adecuada porque se trata de una actitud hacia cualquier oración que el intérprete puede detectar en los hablantes sin presuponer el significado de ninguna oración en particular ni, por tanto, el uso de conceptos semánticos en la descripción de la evidencia. Así, al detectar esta actitud, el intérprete puede intentar conocer las condiciones bajo las que los hablantes tienen por verdaderas las oraciones de su lenguaje. Ahora bien, si una teoría de la verdad va a ser una teoría del sentido es necesario suponer que las condiciones bajo las que los hablantes tienen por verdaderas las oraciones son en general, desde la perspectiva del intérprete, las condiciones bajo las que esas oraciones son de hecho verdaderas. En otras palabras, para que la evidencia registrada en oraciones como

(E) Los hablantes ingleses tienen por verdadera la oración “Snow is white” si, y solo si, la nieve es blanca

sea evidencia para la verdad de oraciones-V como

(V) “Snow is white” es verdadera si, y solo si, la nieve es blanca

es necesario suponer que los hablantes están generalmente en lo correcto cuando tienen por verdaderas las oraciones de su lenguaje. El intérprete tiene que dar por sentado un principio de caridad sobre los logros cognitivos de los hablantes de cualquier lenguaje que se proponga interpretar: “este principio establece que, entre dos interpretaciones de una emisión de un hablante, se debe elegir, en general, aquella que no nos fuerce a atribuirle creencias erróneas” (García Suárez, Modos de significar, p. 440). En consecuencia, una teoría de la verdad puede ser interpretativa, según Davidson, si se cumplen las siguientes condiciones:

(i) Las oraciones-V son verdaderas;
(ii) El intérprete tiene acceso a la actitud proposicional de tener por verdadera y a las condiciones bajo las que los hablantes tienen por verdaderas las oraciones de su lenguaje;
(iii) Las oraciones que los hablantes tienen por verdaderas son, en general, verdaderas;
(iv) Las creencias de los hablantes son, en general, verdaderas –desde la perspectiva del intérprete– (Davidson, “Radical Interpretation”).

En el modelo de Davidson la adscripción de creencias solo entra en juego en la teoría del significado por el criterio de excluir la adscripción de creencias básicas erróneas a los hablantes. Pero, ¿es el principio de caridad suficiente para describir la comprensión de un lenguaje en tanto que usar un lenguaje es una forma de actuar intencionalmente a la luz de actitudes proposicionales (principalmente, creencias) psicológicamente plausibles? Supongamos que los hablantes emiten la oración “Héspero es el planeta visto al atardecer”. Los hablantes tienen por verdadera esta oración en las circunstancias que, según el intérprete, consisten en que Venus es el planeta visto al atardecer. Por tanto, según el intérprete, para que la oración

(E) Los hablantes tienen por verdadera la oración “Héspero es el planeta visto al atardecer” si, y solo si, Venus es el planeta visto al atardecer

registre la evidencia requerida para la verdad de la oración-V

(V) “Héspero es el planeta visto al atardecer” es verdadera si, y solo si, Venus es el planeta visto al atardecer

es necesario suponer que los hablantes tienen una actitud correcta, en cuyo caso hemos de dar por sentado que, según el intérprete, los hablantes creen que Venus es el planeta visto al atardecer si, y solo si, Venus es el planeta visto al atardecer. En otras palabras, hemos de dar por sentado que los hablantes creen lo que el intérprete cree obvio. Supongamos ahora que los hablantes tienen por verdadera la oración “Fósforo es el planeta visto al amanecer”. Según el intérprete, las circunstancias bajo las que los hablantes tienen por verdadera esta oración consisten en que Venus es el planeta visto al amanecer. La condición para que la oración (E) apropiada registre la evidencia para la verdad de la oración-V apropiada será que los hablantes crean que Venus es el planeta visto al amanecer si, y solo si, Venus es el planeta visto al amanecer. Consideremos que los hablantes, en términos de la información de que disponen, tienen por verdadera la oración “Héspero es Fósforo”. ¿Bajo qué circunstancias los hablantes tienen por verdadera esta oración, según el intérprete?, ¿qué creencia verdadera hay que suponer en los hablantes para inferir la verdad de una oración-V a partir de esa evidencia?, y ¿bajo qué descripción es intencional el acto de emitir la oración “Héspero no es Fósforo”? Hemos caído, de este modo, en una extraña paradoja: la adscripción de creencias verdaderas, que iba a conducirnos a una teoría interpretativa, va contra la adscripción de creencias psicológicamente plausibles, que era el criterio de verificación de una teoría del sentido (que es una teoría de la verdad) como una teoría interpretativa! (Como vimos en el primer post McDowell: sentido, verdad e interpretación (I)).

El problema con el modelo de Davidson es lo que puede ser etiquetado como un cierto imperialismo o provincianismo cognitivo, esto es, la tesis de que no es posible interpretar un lenguaje a menos que sus hablantes sean vistos como creyendo básicamente lo que creen sus intérpretes. La adscripción de creencias verdaderas obvias al hablante tiene lugar en términos de los parámetros de corrección del intérprete.

La solución de McDowell es que, como interpretar un lenguaje forma parte de una teoría de la comprensión de sus hablantes, no es posible interpretar un lenguaje a menos que sus hablantes sean vistos como creyendo lo que hace razonable, según el intérprete, sus acciones. En este modelo, los hablantes no tienen que creer lo que creen sus intérpretes ni tienen que creer, por tanto, lo que los intérpretes creen que es verdadero, sino que tienen que creer lo que, según el intérprete, hace inteligibles sus acciones, incluyendo los actos de discurso.

El modelo de McDowell satisface el requisito de interpretatividad de la siguiente forma. De entrada, las oraciones-V verdaderas serán interpretativas si existen constricciones empíricas concernientes a la evidencia relevante sobre los hablantes. McDowell estima que esa evidencia se halla en los tipos de actos de discurso de los hablantes realizados al emitir las oraciones de su lenguaje: especialmente, en el uso asertórico del lenguaje. Como en Davidson, la identificación de los actos de discurso no presupone conocer el significado de las oraciones emitidas y, por tanto, constituye una forma de evidencia en cuya descripción no hay que usar conceptos semánticos. Podríamos decir que una de las ventajas del modelo de McDowell es que, en esta fase de la evidencia, no es necesario apelar a ninguna actitud proposicional de los hablantes. Añadamos la condición de que el intérprete identifique, o transforme las oraciones emitidas en, oraciones indicativas. Así, mediante la identificación de los actos de discurso y, especialmente, de las aserciones, el intérprete puede tratar de conocer la condición bajo la que los hablantes realizan, o realizarían, la aserción de una oración indicativa. Pues bien, para llegar a una teoría del sentido (que es una teoría de la verdad), para que la evidencia registrada en oraciones como

(E) Los hablantes ingleses usan asertóricamente la oración “Snow is white” si, y solo si, la nieve es blanca

sea evidencia para la verdad de oraciones-V como

(V) “Snow is white” es verdadera si, y solo si, la nieve es blanca

es necesario que sea evidencia para la verdad de oraciones (teoremas) como

(T) “Snow is white” puede usarse para aseverar que la nieve es blanca.

En efecto, de la oración (T) se deriva la oración (V) por la simple consideración de la obviedad expresada en la oración

(T’) [“Snow is white” es verdadera si, y solo si, la nieve es blanca] si, y solo si, “Snow is white” puede usarse para aseverar que la nieve es blanca.

Esta oración expresa la obviedad, señalada en el primer post, de que una especificación de lo que puede aseverarse mediante la emisión de una oración es una especificación de la condición bajo la que la oración es verdadera.

Entonces, ¿qué hay que suponer para que la evidencia registrada en la oración (E) sea realmente evidencia para la verdad de la oración (T)? Lo que hay que suponer es precisamente que la adscripción a los hablantes de la creencia de que la nieve es blanca si, y solo si, la nieve es blanca, a partir de la aserción de que la nieve es blanca, hace inteligibles sus acciones, incluyendo el propio acto de aserción. Dados los hechos mencionados en (E), la descripción de la aserción de “Snow is white” como la aserción de que la nieve es blanca es verificada si la adscripción de la creencia de que la nieve es blanca es psicológicamente plausible; en otras palabras, la oración (T) es verificada, a partir de la evidencia registrada en (E), si, según el intérprete, las acciones de los hablantes como agentes son razonables a la luz de la creencia de que la nieve es blanca. Pero, nada muestra que haya una exigencia de que, en general, los hablantes estén en posesión de creencias que, según el intérprete, son verdaderas. Así, para McDowell una teoría de la verdad puede ser interpretativa si se cumplen las siguientes condiciones:

(i) Las oraciones-V son verdaderas;
(ii) El intérprete identifica los tipos de actos de discurso (como el acto de aserción) de los hablantes y las condiciones bajo las que los hablantes emiten asertóricamente las oraciones indicativas;
(iii) Los hablantes pueden usar las oraciones indicativas para aseverar que se dan las condiciones identificadas en (ii), que así resultan ser, trivialmente, las condiciones de verdad de esas oraciones;
(iv) Las creencias de los hablantes, adscritas a partir de sus aserciones, son, en general, psicológicamente plausibles –desde la perspectiva del intérprete- (Ver Platts, Ways of Meaning, pp. 64-67).

Supongamos, como antes, que los hablantes emiten asertóricamente las oraciones “Héspero es el planeta visto al atardecer”, “Fósforo es el planeta visto al amanecer” y “Héspero no es Fósforo”. Si la verdad de las oraciones-V respectivas, a partir de la evidencia disponible, demanda que los hablantes tengan creencias verdaderas según el intérprete, la creencia de que Venus es el planeta visto al atardecer y la creencia de que Venus es el planeta visto al amanecer, esa demanda adscribirá al hablante también, paradójicamente, la creencia inconsistente de que Venus no es Venus. Pero, si la verdad de las oraciones-V, a partir de la evidencia disponible, solo demanda que los hablantes tengan creencias psicológicamente plausibles según el intérprete, entonces, mencionando las condiciones bajo las que los hablantes emiten asertóricamente las oraciones mediante el uso de un lenguaje que es un español enriquecido (Ver el segundo post McDowell: sentido, verdad e interpretación (II)), podemos formular las oraciones (E) así:

(E1) Los hablantes usan asertóricamente la oración “Héspero es el planeta visto al atardecer” si, y solo si, Venus* es el planeta visto al atardecer.

(E2) Los hablantes usan asertóricamente la oración “Fósforo es el planeta visto al amanecer” si, y solo si, Venus** es el planeta visto al amanecer.

(E3) Los hablantes usan asertóricamente la oración “Héspero no es Fósforo” si, y solo si, Venus* no es Venus**;

de manera que registren la evidencia para la verdad de oraciones-V como

(V3) “Héspero no es Fósforo” es verdadera si, y solo si, Venus* no es Venus**.

Ahora resulta que, en efecto, a partir de la aserción de la oración “Héspero no es Fósforo”, el intérprete adscribe al hablante la creencia de que Venus* no es Venus**, creencia que, aunque desde la perspectiva del intérprete puede no ser verdadera, es una creencia que hace inteligibles, también según el intérprete, ciertas acciones del hablante, incluyendo el propio acto de aserción. El acto de aseverar la oración “Héspero no es Fósforo” no será, en ese caso, inteligible a la luz de una creencia verdadera para el intérprete, pero, a la luz de la creencia de que Venus* no es Venus**, habrá sido adecuado describirlo intencionalmente como el acto de aseverar que Venus* no es Venus**.

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