Puntos de vista, absolutismo y filosofía (II)

En el post anterior expuse que, para Moore, su concepto de representación absoluta es desde un determinado punto de vista filosófico. Entonces, ese concepto, precisamente según el contenido mismo de ese concepto o meta-representación, tiene que poder integrarse indirectamente en una concepción absoluta de la realidad. De manera que la meta-representación de Moore tiene que poder sustituirse, finalmente, por una meta-representación (de representación absoluta) que sea a su vez absoluta. Más aún, la idea de fondo es que el proceso de sustitución debe consistir realmente en que la meta-representación absoluta explique la meta-representación no absoluta. Además, la meta-representación absoluta tiene que darnos la mejor explicación posible de la meta-representación no absoluta de Moore: una explicación mediante la que la meta-representación de Moore resulte ser verdadera. Por último, la meta-representación absoluta tiene que darnos la mejor explicación de sí misma (ver más adelante).

Ahora bien, indiqué que una cosa era 1) explicar cómo llega a producirse una representación desde un determinado punto de vista y otra cosa era 2) explicar por qué esa representación es verdadera. Además, una tercera cosa es 2*) explicar por qué una representación es verdadera desde un determinado punto de vista. Supongamos, entonces, que tenemos una meta-representación absoluta que explica cómo la meta-representación de Moore de representación absoluta es el resultado de una determinada formación filosófica. Es importante tener claro que la explicación no puede ser desde ese punto de vista filosófico ni, en último caso, desde ningún otro punto de vista filosófico: la explicación viene dada por una representación absoluta (y no hay representaciones filosóficas absolutas pues cualquier concepción filosófica es incompatible con alguna otra). En otras palabras, la explicación no puede hacer uso de conceptos filosóficos, así que lo más razonable es pensar que es una explicación reduccionista en cuyos términos cualquier concepción filosófica de la realidad es un subproducto de fuerzas que operan en la oscuridad, por así decirlo.

No hay problema, sin embargo, en que tal explicación reduccionista describa las condiciones en que llega a producirse la meta-representación de Moore y, por ello mismo, sea una explicación de lo que hace que la meta-representación de Moore de representación absoluta sea verdadera desde determinado punto de vista filosófico: de hecho, el intento de explicar no filosóficamente cómo llega a formarse una representación desde una concepción filosófica de la realidad es el intento de explicar desde fuera por qué esa representación es verdadera según esa concepción filosófica.

Pero, si todo lo que puede darnos una meta-representación absoluta es una explicación que satisfaga 1) y 2*), no hemos logrado aún formular la mejor explicación de la meta-representación de Moore. Ahora bien, la necesidad de lograrlo es doble. Primero, está el hecho ya señalado de que ese es precisamente el cometido de una representación absoluta, cuya meta es la integración indirecta de la representación no absoluta que explica. Segundo, la tesis de Moore es que cualquier representación absoluta es producida desde el ideal regulativo de obtener una concepción absoluta de la realidad. En otras palabras, la tesis de Moore es que cualquier representación absoluta es producida desde un punto de vista filosófico según el cual tiene que ser posible obtener representaciones absolutas de la realidad. Desde luego, el punto de vista filosófico en cuestión no tiene que ser el punto de vista filosófico de Moore, con su meta-representación de representación absoluta: puede tratarse de un punto de vista filosófico alternativo. De todos modos, el carácter finito de nuestra posición en el mundo nos fuerza a producir cualquier representación (absoluta o no absoluta) desde una determinada situación hermenéutica (pp. 88-89): así que una concepción absoluta de la realidad, que de suyo no puede ser filosófica, tiene que ser producida desde un punto de vista filosófico que haga inteligible para nosotros la posibilidad de obtener esa concepción absoluta.

No hay ninguna tensión aquí pues, como indiqué en el primer post, una cosa es producir una representación desde un punto de vista y otra cosa es que la representación misma sea desde ese punto de vista. Por tanto, una cosa es que, digamos, la meta-representación absoluta (que explica la meta-representación no absoluta de Moore) tenga que ser producida desde el punto de vista filosófico que involucra la meta-representación no absoluta de Moore, y otra cosa es que esa meta-representación absoluta sea desde ese punto de vista filosófico: la meta-representación absoluta no es filosófica.

De manera que si la meta-representación absoluta no nos da la mejor explicación de la meta-representación no absoluta de Moore, entonces es racionalmente defectiva: al no explicar por qué es verdadera la meta-representación no absoluta de Moore, desde cuyo punto de vista filosófico es producida, la meta-representación absoluta no hace racional su propia producción ni, por tanto, su carácter absoluto. En efecto, nos encontraríamos en una situación en la que no se ha probado que la meta-representación no absoluta de representación absoluta es verdadera, por lo que el productor de la meta-representación absoluta no tiene razones para creer que esta misma meta-representación es absoluta (pues esta meta-representación es producida, ex hipothesi, haciendo uso de la meta-representación no absoluta, que está en cuestión). La situación podría llegar a ser tal que tuviésemos una concepción absoluta de la realidad que es verdadera, pero no tuviésemos ninguna razón para creer que es una concepción realmente absoluta. A Moore no le preocupa esta encrucijada porque sostiene que no es problemático tener una concepción absoluta de la realidad sin ser capaz de reconocerla (p. 64). Sin embargo, otras cosas que dice le meten en problemas.

Moore dice que el ideal regulativo de lograr representaciones absolutas incluye la meta de que esas representaciones sean incondicionadas. Una representación absoluta debe ser incondicionada en el sentido de que ella misma debe explicar por qué es verdadera: que el mundo sea representado como siendo de cierta forma debe poder explicar por qué la representación tiene ese mismo contenido y, en último caso, por qué es verdadera (p. 36-37). En otras palabras, las representaciones absolutas deben poder vindicarse a sí mismas (pp. 261-262). Esto significa que, según el concepto de explicación de Moore aplicable a toda representación, una representación absoluta tiene que ser la mejor explicación de ella misma: tiene que 1) explicar cómo llega a producirse esa representación absoluta desde un determinado punto de vista (recordemos que toda representación es producida desde un punto de vista) y 2) explicar porqué esa representación absoluta es verdadera. De entrada, explicar sus propias condiciones de producción es explicar de qué modo que el mundo sea representado como siendo de cierta forma (en parte, como produciendo la representación) explica por qué la representación tiene ese mismo contenido. Más aún, según el concepto de Moore (como vimos en el primer post), la mejor explicación será aquella en la que explicar cómo llega a producirse una representación absoluta desde un punto de vista es explicar por qué esa representación absoluta es verdadera.

Pues bien, nos encontramos en el siguiente escenario. La meta-representación absoluta de representación absoluta debe ser la mejor explicación de sí misma, en el sentido de que, 1a) al explicar cómo llega a producirse esta meta-representación absoluta desde un determinado punto de vista filosófico (el punto de vista que incluye la meta-representación no absoluta), 2a) explique por qué esta meta-representación absoluta es verdadera. Pero, no es concebible que esa meta-representación absoluta sea la mejor explicación de sí misma si no es también la mejor explicación de la meta-representación no absoluta! En efecto, si 1b) una explicación de cómo llega a producirse una meta-representación no absoluta de representación absoluta desde determinado punto de vista filosófico (el punto de vista que incluye esta meta-representación no absoluta), no 2b) explica por qué esta meta-representación no absoluta es verdadera, ¿cómo podríamos tener una explicación que satisfaciera tanto 1a) como 2a)? ¿Cómo es posible que una explicación de las mismas condiciones de producción de una representación no absoluta y de una representación absoluta, explique por qué la representación absoluta es verdadera pero no explique por qué la representación no absoluta es verdadera?

Es inconcebible que la verdad de una representación absoluta dependa de sus condiciones de producción mientras que la verdad de una representación no absoluta no dependa de ellas: según la idea mooreana de integración indirecta, la verdad de una representación absoluta no puede estar determinada por sus condiciones de producción si la verdad de una representación no absoluta, cuya producción ella explica, no lo está por las suyas. Ciertamente, la meta-representación absoluta describe sus condiciones de producción en términos reduccionistas, no filosóficos, pues ella misma no es una representación filosófica. De manera que, en principio, la meta-representación absoluta superviene en sus condiciones de producción descritas en términos reduccionistas por ella misma. Más aún, si la meta-representación absoluta va a ser la mejor explicación de sí misma, que ella describa sus condiciones de producción en términos reduccionistas explica por qué esta meta-representación absoluta es verdadera. Pero, si la meta-representación absoluta explica cómo llega a producirse la meta-representación no absoluta, entonces es que la meta-representación no absoluta, una representación filosófica, superviene en las condiciones de producción descritas en términos reduccionistas por esa meta-representación absoluta.

Así, según la idea de una concepción absoluta de la realidad de carácter reduccionista, la representación absoluta A es producida por B (condiciones de producción descritas en términos reduccionistas), en cuyo caso A superviene en B. Según la idea mooreana de representación absoluta como explicación, si A explica cómo A es producida por B (condiciones de producción descritas en términos reduccionistas por A), entonces A tiene que explicar cómo la representación no absoluta C es producida por B (que, por tanto, superviene en B). Además, según la idea mooreana de representación absoluta como representación incondicionada, si A explica cómo A es producida por B, entonces A tiene que explicar por qué A es verdadera. Finalmente, según la idea mooreana de integración indirecta, si A, al explicar cómo A es producida por B, explica por qué A es verdadera, entonces A, al explicar cómo C es producida por B, tiene que explicar por qué C es verdadera.

El saldo de estas consideraciones es el siguiente. Si la meta-representación absoluta de representación absoluta no nos da la mejor explicación de la meta-representación no absoluta, entonces, por un lado, la meta-representación absoluta no cumple su función de integración indirecta y, por otro lado, esta meta-representación absoluta no es incondicionada: no cumple su función de ser la mejor explicación de sí misma.

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