Minimalismo e idealismo trascendental (II)

En el primer post al respecto sostuve que cabe introducir un concepto minimalista de idealismo trascendental, tal que todas las instancias del esquema

(T) La proposición de que p es pensada-T por nosotros si, y solo si, p

1) expresan equivalencias necesarias y 2) son cognoscibles a priori. Además, el carácter trascendental de la validez objetiva de nuestro pensamiento, así representado, no compromete al idealista con la tesis de que nuestra forma de pensar sobre las cosas constituye la forma como son las cosas. Pero, ¿qué pasa con la tesis de que el sujeto del pensamiento desaparece?

Pues bien, el carácter evanescente del sujeto trascendental puede representarse adecuadamente mediante la idea de que 3) las instancias del esquema (T) expresan también equivalencias cognitivas. Tomo la idea del deflacionismo de H. Field sobre el predicado de verdad aplicado a las oraciones de un lenguaje (en “Deflationist Views of Meaning and Content”). Field mantiene que un esquema de equivalencia

(V*) “p” es verdadera si, y solo si, p

puede darnos el significado del predicado “es verdadera”, es decir, que el significado del predicado de verdad puede ser completamente obtenido del significado de las oraciones a las que se aplica: de otro modo, el concepto de verdad tendría un contenido que trasciende su rol desentrecomillador, que es cancelar el ascenso semántico y capacitarnos para hablar sobre el mundo hablando sobre el lenguaje. Pero, de hecho el predicado de verdad solo puede ser aplicado a oraciones que uno comprende: no cabe preguntarse si las oraciones que uno no comprende son o no son verdaderas, porque no hay más comprensión del enunciado de que una oración es verdadera que una comprensión de la oración misma. De manera que una oración de la forma “‘p’ es verdadera” y una oración de la forma “p” tienen el mismo sentido: las instancias del esquema (V*) expresan equivalencias cognitivas. Ahora bien, puede afirmarse que las instancias del esquema de equivalencia

(V) La proposición de que p es verdadera si, y solo si, p

también expresan (y con mayor razón) equivalencias cognitivas: comprender el enunciado de que una proposición es verdadera es pensar la proposición misma.

Análogamente, la jugada del idealista consistente en apuntarse a 3) es decir que una oración de la forma “La proposición de que p es pensada-T por nosotros” y una oración de la forma “p” tienen el mismo sentido: comprender el enunciado de que una proposición es pensada-T por nosotros es pensar la proposición misma. El significado del predicado “es pensada-T por nosotros” es completamente derivado de las proposiciones de que se predica, y su única función es cancelar el ascenso semántico y capacitarnos para hablar sobre el mundo hablando sobre las proposiciones que pensamos: hablar de nuestra forma de pensar sobre las cosas no tiene más contenido que hablar de la forma como son las cosas! El concepto de pensar que p trascendentalmente no tiene un contenido que trascienda la función de capacitarnos para pensar desde dentro, por así decirlo, que p. No es como si dejásemos de pensar que p para pensar solamente en el carácter trascendental de nuestro pensamiento, en cuyo caso el carácter trascendental de nuestro pensamiento ocuparía toda la escena pensante: es, más bien, como si pensásemos que p desde el carácter trascendental de nuestro pensamiento, en cuyo caso p (y no nuestro pensamiento) ocupa toda la escena trascendental. La desaparición del sujeto trascendental no es, obviamente, la desaparición de un punto de vista trascendental (con el contenido p) con respecto a la forma como son las cosas sino que es la desaparición de un punto de vista trascendente (con un contenido propio que no es p) con respecto al mundo.

Es importante que no haya un malentendido sobre lo que estoy afirmando. No estoy afirmando que el idealista tenga que negar la práctica habitual de referirse a la forma de pensar de alguien en contraposición a la forma como son las cosas. El idealista no tiene que negar que, por ejemplo, tenga sentido decir “Pepe piensa que la hierba es roja pero la hierba no es roja”. Pero, una cosa es un pensamiento trascendental y otra cosa es un pensamiento empírico ordinario: una cosa es el pensamiento de un sujeto trascendental y otra cosa es el pensamiento de un sujeto empírico. En términos de una concepción plural del sujeto trascendental es más fácil entender el asunto. Si nosotros estamos en la posición de decir “Pepe piensa que la hierba es roja pero la hierba no es roja”, es que la hierba no es roja, así que la proposición de que la hierba es roja no es pensada-T por Pepe (pues, no es pensada por nosotros) y, por tanto, decir eso no es formular un contraejemplo a la validez universal del esquema (T) ni tampoco a la tesis de que las instancias del esquema (T) expresan equivalencias cognitivas. Es evidente, debido a anomalías que no tienen que ver con el idealismo trascendental (sino con la naturaleza de la primera persona), que no estamos en la posición de decir “Nosotros pensamos que la hierba es verde pero la hierba no es verde”. Pero, si el idealismo trascendental fuera correcto, habría razones trascendentales por las que es lógicamente imposible decirlo: sería contradictorio aseverar a la vez que pensamos que la hierba es verde y que la hierba no es verde.

Supongamos ahora que nosotros somos X. Si X solo fuera una comunidad empírica entre otras, entonces tendría sentido que una comunidad empírica Y dijera “X piensa que la hierba no es roja pero la hierba es roja”. Supongamos, además, que la comunidad Y tuviera razón (lo que a nivel de comunidades empíricas también tiene sentido). Entonces, esta hipótesis cuenta directamente como un caso contra el idealismo trascendental. Pues, después de todo, la hierba es roja, pero la proposición de que la hierba es roja no es pensada por nosotros (ni puede ser pensada-T por nosotros) y, por tanto, la hipótesis es un contraejemplo a la validez universal del esquema (T) y a la tesis de que las instancias del esquema (T) expresan equivalencias cognitivas. Por otra parte, si X es una comunidad trascendental, no tiene sentido decir “X piensa que la hierba no es roja pero la hierba es roja”: sería una consecuencia trivial del idealismo trascendental que la hierba no es roja, así que, por definición, no es un caso contra el idealismo trascendental ni tampoco contra la tesis 3). No voy a profundizar más sobre esta cuestión, y es que en su momento le dedicaré al menos un post.

Paso ahora, como anuncié en el primer post, a ocuparme de una explicación humeana de la posesión del concepto de idealismo trascendental. De nuevo es pertinente establecer una comparación con la explicación minimalista de la posesión del concepto de verdad. Según 3) la comprensión de una instancia del esquema (V) no consiste más que en captar o pensar la proposición referida en esa instancia. Pero, poseer el concepto de verdad es, sin duda, estar en condiciones de comprender cada instancia del esquema (V). Entonces, la posesión del concepto de verdad no puede demandar la posesión de conceptos explicativos más básicos que los que son demandados para la captación de cualquier proposición: por ejemplo, la comprensión de la instancia del esquema (V) para la proposición La hierba es verde no demanda un equipaje conceptual superior al que es necesario para poder pensar que la hierba es verde. Esto significa que la posesión del concepto de verdad no es dependiente de la posesión de conceptos explicativos como el concepto de correspondencia con el mundo. Téngase en cuenta que no estoy repitiendo el punto (del primer post) de que la propiedad de la verdad no puede ser explicada en términos de la propiedad de la correspondencia con el mundo, algo que tenía que ver con la naturaleza misma de la verdad: el punto de ahora es que la posesión del concepto de verdad no puede ser explicada en términos de la posesión del concepto de correspondencia con el mundo, algo que tiene que ver con la naturaleza de nuestro pensamiento (sobre la verdad).

Ahora bien, supongamos que captar o pensar una proposición superviene en una propiedad del significado como uso de los miembros de una clase de oraciones: digamos, por ejemplo, que el pensamiento de que la hierba es verde superviene en la propiedad de estar dispuesto a asentir a la oración del español “La hierba es verde”. En ese caso, es una consecuencia de la tesis 3) que la comprensión de una instancia del esquema (V) superviene en la propiedad de estar dispuesto a asentir a esa instancia del esquema (V). Luego, si poseer el concepto de verdad es estar en condiciones de comprender cada instancia del esquema (V), el concepto de verdad superviene en una propiedad del significado como uso: poseer el concepto de verdad es estar dispuesto a asentir a cada instancia del esquema (V). El eco humeano de estas consideraciones debe también ser evidente: poseer el concepto de verdad no consiste más que en la inevitabilidad subjetiva de que una naturaleza humana como la nuestra esté dispuesta a asentir a cada instancia del esquema (V).

El movimiento a una explicación humeana de la posesión del concepto de idealismo trascendental es inmediato. De entrada, según 3) la comprensión de una instancia del esquema (T) no consiste más que en captar o pensar la proposición referida en esa instancia. Poseer el concepto de idealismo trascendental es, sin duda, estar en condiciones de comprender cada instancia del esquema (T). Entonces, la posesión del concepto de idealismo trascendental no puede demandar la posesión de conceptos explicativos más básicos que los que son demandados para la captación de cualquier proposición. Así que la posesión del concepto de idealismo trascendental no es dependiente de la posesión de conceptos explicativos como el concepto de constitución del mundo. En el primer post argumenté que no veía objeciones de peso a que la propiedad de ser pensado-T por nosotros pueda ser explicada finalmente en términos de la propiedad de ser constituyente del mundo. Sin embargo, sostuve que el carácter trascendental de la validez objetiva de nuestro pensamiento no incluye necesariamente un compromiso con una explicación última de la naturaleza misma del carácter trascendental en cuestión. Pero, el punto de ahora es que la posesión del concepto de idealismo trascendental (es decir, la posesión del concepto de ser pensado-T por nosotros) no puede ser explicada en términos de la posesión del concepto de ser constituyente del mundo, algo que tiene que ver con nuestro pensamiento (sobre el carácter trascendental de la validez objetiva de nuestro pensamiento): no hay una explicación última de nuestro pensamiento al respecto.

Supongamos, entonces, que pensar una proposición superviene en una propiedad del significado como uso, la disposición a asentir a los miembros de una clase de oraciones. Entonces, es una consecuencia de la tesis 3) que la comprensión de una instancia del esquema (T) tiene que supervenir en una disposición a asentir a esa instancia del esquema (T). Luego, si poseer el concepto de idealismo trascendental es estar en condiciones de comprender cada instancia del esquema (T), poseer el concepto de idealismo trascendental es tener una disposición a asentir a cada instancia del esquema (T). Es importante enfatizar el alcance de la idea wittgensteiniana de que el significado es el uso para el tema que nos ocupa: que poseer el concepto de idealismo trascendental es estar en condiciones de comprender cada instancia del esquema (T) no quiere decir ya que el concepto de idealismo trascendental nos guía en la comprensión y, por tanto, en la disposición a asentir a cada instancia del esquema (T), sino que la disposición a asentir a cada instancia del esquema (T) es poseer el concepto de idealismo trascendental. Aquí es donde una explicación humeana de la posesión del concepto entra en problemas: es claramente falso (o al menos completamente implausible) que poseer el concepto de idealismo trascendental consista en la inevitabilidad subjetiva de que una naturaleza humana como la nuestra esté dispuesta a asentir a cada instancia del esquema (T). En otras palabras, es falso o implausible que todos los que poseemos o podemos poseer el concepto de idealismo trascendental somos o vayamos a ser idealistas! (señalo, de paso, que el escollo fundamental para un asentimiento a cada instancia del esquema (T) está en asentir a una lectura de derecha a izquierda de esa instancia: por ejemplo, si la hierba es verde, entonces la proposición de que la hierba es verde es pensada-T por nosotros).

Pero, la cosa no presenta una solución fácil para el idealista. De hecho el idealista trascendental enfrenta un dilema. O bien renuncia a la tesis de que 3) las instancias del esquema (T) expresan equivalencias cognitivas, en cuyo caso el sujeto trascendental, después de todo, no desaparece y el idealismo kantiano es un tipo de subjetivismo humeano, o bien renuncia a la tesis de que pensar una proposición superviene en una propiedad del significado como uso, en cuyo caso el idealismo trascendental es un tipo de platonismo encubierto, donde algo semejante a la intuición intelectual de una proposición es constitutivo de nuestro pensamiento.

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Una respuesta to “Minimalismo e idealismo trascendental (II)”

  1. Javier Vidal Says:

    Un comentario con respecto a la tesis de que las instancias del esquema (T) expresan equivalencias cognitivas.

    Supongamos que estamos en la posición de decir “Pepe piensa que la hierba es roja pero la hierba no es roja”. Desde luego, si las instancias del esquema (T) expresan equivalencias cognitivas, eso significa que la oración “La proposición de que la hierba es roja es pensada-T por nosotros” y la oración “La hierba es roja” tienen el mismo sentido y, por tanto, pueden sustituirse salva veritate en todo tipo de contextos intensionales: así que “Pepe se pregunta si la hierba es roja” es equivalente a “Pepe se pregunta si la proposición de que la hierba es roja es pensada-T por nosotros”, etc…

    De manera que si nosotros estamos en la posición de decir “Pepe piensa que la hierba es roja pero la hierba no es roja”, no hay un contraejemplo a la tesis de que las instancias del esquema (T) expresan equivalencias cognitivas. El hecho de que el pensamiento de Pepe sea el pensamiento de un sujeto empírico (y no de un sujeto trascendental) atañe a su relación con el mundo pero no a su contenido. La oración “La hierba es roja” es falsa porque el pensamiento de un sujeto empírico no condiciona la forma como es el mundo. Pero, el contenido del pensamiento de Pepe es el mismo contenido que tendría nuestro pensamiento si pensásemos que la hierba es roja. Si la oración “Pepe piensa que la hierba es roja” es verdadera, el hecho de que la hierba no sea roja y de que el pensamiento de Pepe sea falso, no hace que la oración “Pepe piensa que la proposición de que la hierba es roja sea pensada-T por nosotros” sea falsa: por supuesto, la proposición de que la hierba es roja no es pensada-T por nosotros y, por eso, ex hipothesi la hierba no es roja, pero el contenido del pensamiento de Pepe es tanto que la hierba es roja como que la proposición de que la hierba es roja es pensada-T por nosotros. Si nosotros pensásemos que la hierba es roja, entonces ex hipothesi la hierba sería roja, pero nuestro pensamiento tendría el mismo contenido que ahora tiene el pensamiento de Pepe.

    Ahora bien, de esta observación se desprende una consecuencia muy relevante. Si Pepe puede tener el mismo pensamiento que nosotros, resulta que el carácter trascendental de la validez objetiva de nuestro pensamiento no depende de los conceptos que dan forma al contenido: un sujeto empírico y un sujeto trascendental usan los mismos conceptos. Debe recurrirse, pues, a algo metafísico, algo que kantianamente postularía el carácter trascendental de la acción del sujeto: el acto de pensar, más que el contenido del pensamiento, es el condicionante de la forma como es el mundo. Aquí está implícito el voluntarismo que alimenta la toma de posición idealista!

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