Putnam, Rorty y los criterios de justificación

Voy a comentar uno de los puntos tratados por P. Quintanilla (a quien me referiré como Pablo Q., dado que es una persona cercana a mí y que esto no es un artículo) en “Verdad, justificación y etnocentrismo” (ponencia presentada en el coloquio Richard Rorty: verdad, identidad y progreso moral, Lima: PUCP, 2007). El punto en cuestión tiene que ver con la crítica que H. Putnam dirige a Rorty con respecto al concepto de justificación. De entrada, Putnam argumenta, si vamos a explicar el concepto de verdad en términos del concepto de justificación, entonces estamos comprometidos con el falibilismo: nuestros enunciados pueden ser considerados como justificados a causa de ciertos criterios de justificación pero pueden no estar realmente justificados a causa de otros criterios mejores. Putnam sostiene que el falibilismo está atado a la tesis: a) Nuestras normas y criterios de justificación pueden siempre ser reformados, habiendo mejores y peores normas y criterios. Pero, esta tesis no puede formularse, así sigue el argumento, más que en términos de otras dos tesis incompatibles con el concepto rortyano de justificación. Por un lado, la tesis: b) Hay un hecho objetivo sobre si un enunciado está justificado. Por otro lado, la tesis: c) El que un enunciado esté justificado es independiente de si la mayor parte de los miembros de nuestra comunidad cree que está justificado.

La respuesta de Pablo Q. es (si no le entiendo mal) que las tesis b) y c) pueden interpretarse en dos sentidos diferentes, y que Rorty solo las abandonaría bajo una interpretación. Pero, bajo esa interpretación tal abandono no sería polémico. En cambio, bajo la otra interpretación, Rorty estaría de acuerdo con Putnam y allí donde podría haber una polémica, no habría motivo de disputa. Bajo la interpretación (i) tenemos la tesis: b) Hay un hecho objetivo sobre si un enunciado está justificado a causa de nuestros criterios actuales de justificación, y la tesis: c) El que un enunciado esté justificado a causa de nuestros actuales criterios de justificación es independiente de si la mayor parte de los miembros de nuestra comunidad cree que está justificado. Con respecto a la interpretación (i), Rorty argumentaría que ambas tesis son falsas y, en concreto, que la tesis b) es falsa porque la tesis c) es falsa: precisamente porque el hecho de que un enunciado esté justificado a causa de nuestros actuales criterios de justificación no es independiente de la opinión o creencia de la mayoría de nuestros pares, no hay un hecho objetivo sobre si un enunciado está justificado a causa de nuestros actuales criterios de justificación.

Ahora bien, del argumento de Putnam no parecería seguirse objeción alguna a que las tesis b) y c) sean abandonadas bajo la interpretación (i): Putnam introduce las tesis b) y c) en el curso de argumentar que nuestra comunidad puede estar equivocada sobre el hecho de que un enunciado esté justificado, en el sentido de que el enunciado podría no estar justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales. En otras palabras, Putnam no estaría en el juego de argumentar que nuestra comunidad pueda estar equivocada sobre el hecho de que un enunciado esté justificado a causa de nuestros actuales criterios de justificación.

Bajo la interpretación (ii) tenemos la tesis: b) Hay un hecho objetivo sobre si un enunciado está justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales, y la tesis: c) El que un enunciado esté justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales es independiente de si la mayor parte de los miembros de nuestra comunidad cree que está justificado. Aquí es donde Pablo Q. sitúa la defensa de Rorty en términos que neutralizan el supuesto de que el concepto rortyano de justificación es incompatible con las tesis b) y c). Pablo Q. sostiene que para Rorty, desde su compromiso pragmatista con Peirce y Dewey, es seguro que el hecho de que un enunciado esté justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales es independiente de que la mayoría de nuestros pares crea que está justificado, y precisamente por eso hay un hecho objetivo sobre si un enunciado está justificado a causa criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales. Desde luego, no se trata de que haya un hecho objetivo que sea un hecho trascendental con respecto a cualesquiera criterios de justificación (al contrario, se trata de que hay un hecho objetivo que no es trascendental con respecto a determinados criterios de justificación mejores que los nuestros): hay un hecho sobre si el enunciado está justificado que es objetivo con respecto a la creencia, de la mayor parte de nuestra comunidad, de que está justificado.

De este modo, Rorty no tendría ningún problema en reconocer que nuestra comunidad puede estar equivocada sobre el hecho de que un enunciado esté justificado, en el sentido de que el enunciado podría no estar justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales. Entonces, al fin y al cabo, no habría ningún problema en absoluto, pues el argumento de Putnam solo estaría dirigido al reconocimiento de esa posibilidad, a saber: el falibilismo (y la tesis a)).

Sin embargo, me parece que la estrategia de Pablo Q. no hace justicia al argumento de Putnam. En especial, me parece que su estrategia es ciega al punto de vista valorativo sobre los criterios de justificación, que es clave en la formulación del falibilismo, de la tesis a) y de la interpretación (ii): hay criterios mejores y peores. Voy a hacer una comparación con un punto de vista valorativo sobre los criterios morales. Supongamos que una acción es considerada como buena a causa de determinados criterios morales. Supongamos ahora que esa acción es considerada como mala a causa de criterios morales mejores que los criterios morales anteriores. Una opción es sostener que, con todo, la acción es buena a causa de los criterios morales anteriores. Sin duda, las razones para atenerse a esa opción son: 1) que la acción es considerada como buena a causa de los criterios morales anteriores y 2) que, habiendo sustituido el concepto de verdad por el concepto de justificación, no hay diferencia entre que una acción sea buena y una acción sea considerada como buena a causa de determinados criterios morales.

Pero, ambas razones son compatibles con la siguiente opción: que la acción solo parece buena a causa de los criterios morales anteriores. En efecto, podríamos decir 1) que la acción es considerada como buena a causa de los criterios morales anteriores y 2) que no habría diferencia entre que esa acción fuera buena y esa acción fuera considerada como buena a causa de los criterios morales mejores que los criterios morales anteriores. De hecho, la acción es considerada como mala a causa de los criterios morales mejores y, por eso, la acción es mala, pero la acción es considerada como buena a causa de los criterios morales anteriores y, por eso, en presencia de criterios morales mejores cuyo juicio es contrario, la acción solo parece buena a causa de los criterios morales anteriores. Lo propio de un punto de vista valorativo sobre los criterios morales es que el principio 2) de que, habiendo sustituido el concepto de verdad por el concepto de justificación, no hay diferencia entre que una acción sea buena y que una acción sea considerada como buena a causa de determinados criterios morales, es un principio que tiene validez solo si “determinados criterios morales” es interpretado como “criterios morales mejores”: el punto de vista valorativo entraña que la existencia de unos criterios morales mejores que otros establece una diferencia entre que una acción sea buena y que una acción sea considerada como buena a causa de cualesquiera criterios morales distintos de los criterios morales mejores.

Si volvemos ahora a la respuesta de Pablo Q., resulta que el argumento de Putnam realmente pone en cuestión el abandono de las tesis b) y c) bajo la interpretación (i). Desde un punto de vista valorativo sobre los criterios de justificación la tesis c) es verdadera: si un enunciado está o no está justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales, entonces, el que ese enunciado esté justificado a causa de nuestros criterios actuales es independiente de si la mayoría de nuestros pares cree que está justificado. Supongamos que el enunciado es considerado como no justificado y, por tanto, no está justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales. Por un lado, tenemos 1) que el enunciado es considerado como justificado (por la mayoría de nuestros pares) a causa de nuestros actuales criterios de justificación, pero, por otro lado, tenemos 2) que no hay diferencia entre que ese enunciado no esté justificado y que ese enunciado sea considerado como no justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales. Esto significa que, en presencia de criterios de justificación mejores cuyo importe es negativo, hay una diferencia entre que el enunciado esté justificado y que el enunciado sea considerado como justificado a causa de nuestros criterios actuales y, por eso, el enunciado solo parece justificado a causa de nuestros criterios actuales. Es tentador aferrarse a la idea de que el enunciado está justificado a causa de nuestros criterios actuales, pero en ese caso adoptamos un punto de vista no valorativo sobre los criterios de justificación: no puede haber criterios de justificación mejores cuyo importe es negativo y que, con todo, el enunciado esté justificado a causa de nuestros criterios actuales.

Consecuentemente, la tesis b) también es verdadera: si un enunciado está o no está justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales, entonces, hay un hecho objetivo sobre si el enunciado está justificado a causa de nuestros criterios actuales. En efecto, hay un hecho sobre si el enunciado está justificado a causa de nuestros criterios actuales que es objetivo con respecto a la creencia, de la mayoría de nuestros pares, de que está justificado: el hecho es objetivo porque el enunciado podría no estar justificado a causa de nuestros actuales criterios de justificación a pesar de que la mayor parte de nuestra comunidad considera que el enunciado está justificado.

La conclusión es que no puede neutralizarse tan fácilmente el argumento de Putnam. Ciertamente, Putnam introduce las tesis b) y c) para argumentar que nuestra comunidad puede estar equivocada sobre el hecho de que un enunciado esté justificado, en el sentido de que el enunciado podría no estar justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales. Pero, su argumentación no excluye que nuestra comunidad pueda estar equivocada sobre el hecho de que el enunciado esté justificado a causa de nuestros actuales criterios de justificación. En efecto, desde un punto de vista valorativo sobre los criterios de justificación, nuestra comunidad puede estar equivocada sobre el hecho de que un enunciado esté justificado a causa de nuestros criterios actuales precisamente porque el enunciado podría no estar justificado a causa de criterios de justificación mejores que nuestros criterios actuales.

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6 comentarios to “Putnam, Rorty y los criterios de justificación”

  1. Hector Says:

    Querido Javier,
    He leído tu análisis del diálogo entre Putnam y Rorty en relación con el falibilismo y me gustaría hacer tres preguntas.

    I-. Putnam supone que el falibilismo está atado a las tres tesis señaladas. Sin embargo, creo que la tesis b es medio confusa:
    b) Hay un hecho objetivo sobre si un enunciado está justificado a causa de nuestros criterios actuales de justificación

    Por un lado, tradicionalmente se asumió que los enunciados estaban justificados objetivamente cuando cumplían requisitos auto-evidentes para cualquier época (un hecho objetivo sería un hecho trascendental, pero se ha negado la vigencia de esta posición). De otro lado, Rorty propondría que los enunciados están justificados objetivamente cuando son consistentes con los enunciados básicos de cada sistema de creencias de diferentes épocas. Serían los propios agentes quienes reconocen cuáles son los enunciados básicos.

    Primera pregunta es: ¿de qué manera comprende Putnam un hecho objetivo?

    II-. En el artículo se señala con razón que hay una diferencia entre que el enunciado esté justificado y que el enunciado sea considerado como justificado a causa de nuestros criterios actuales y, por eso, el enunciado solo parece justificado a causa de nuestros criterios actuales.

    Quizá el malentendido entre Putnam y Rorty desaparece si señalamos que hay una diferencia de grados entre las consideraciones mayoritarias de nuestra comunidad y nuestras mejores justificaciones. Las primeras no serían tan consistentes como las segundas. En otras palabras, la mayoría de los agentes no tendrían que examinar la justificación de sus enunciados, pero quienes sí buscan justificaciones lo hacen apelando a las consecuencias de tener determinadas creencias básicas. Y a su vez, (eliminando la dicotomía entre enunciados analíticos y sintéticos) esas consecuencias analíticas estarían dentro de nuestras creencias básicas: serían susceptibles de revisión.

    Pregunta: ¿A Putnam no le convencía la circularidad planteada?

    III-. Finalmente, Rorty no estaría apelando a una falacia ad populum y más bien sostiene la justificación de un enunciado está cuando es consistente con los enunciados más básicos de nuestros sistemas de enunciados. No se postula que se sigan sin crítica los criterios actuales, sino más bien se asumiría que dichos criterios actuales son fruto de un consenso valorativo.

    Tercera pregunta: las tesis b y c de Putnam ¿podrían simplemente decir que nuestras justificaciones actuales (al igual que las del pasado) pueden ser re-ordenadas de acuerdo a nuestros nuevos intereses?

    Un abrazo y felicitaciones por el espacio creado.
    Héctor

  2. Javier Vidal Says:

    Héctor, gracias por las felicitaciones y por el comentario: voy a intentar responderte a la primera cuestión y las otras quedan pendientes de posteriores aclaraciones.

    La primera cuestión tiene que ver con la idea de un hecho objetivo sobre la justificación de un enunciado. Tal y como formulas la cuestión, solo dejas abiertas dos opciones: o bien un hecho objetivo es un hecho trascendente a cualesquiera criterios de justificación o bien un hecho objetivo es un hecho consistente con los criterios de justificación vigentes en cada caso (y esta sería la tesis de Rorty, donde ‘cada caso’ debe interpretarse en términos de culturas o sistemas de creencias).

    La idea nuclear de Putnam es que uno no tiene que comprometerse con ese dilema: más concretamente, la tesis de Putnam es que algo como un idealismo trascendental con respecto a la verdad y la justificación desactiva la supuesta necesidad del dilema. Empiezo con una analogía. Existe una distinción ordinaria entre apariencia y realidad con respecto al color de las cosas: si alguien lleva puestas unas lentes de sol y un papel blanco le parece amarillo (y, por tanto, cree que es amarillo habiéndose olvidado de que lleva lentes de sol), decimos que está bajo la ilusión de que el papel es amarillo. Los filósofos, además, introducen una distinción metafísica entre la apariencia y la realidad del color: es subjetivista quien sostiene que las cosas no tienen colores con independencia de nuestra capacidad de verlas así y que, por eso, los colores no son reales, mientras que es objetivista quien sostiene que el color de las cosas es un rasgo del mundo independiente de nosotros. Pues bien, una forma de entender el idealismo trascendental es entenderlo como un compromiso con la distinción ordinaria sin comprometerse con el objetivismo. Supón que tú eres subjetivista con respecto al color: aunque creas que las cosas no tienen color con independencia de nuestra capacidad visual, sin embargo, tambien crees que nuestro amigo de las lentes de sol estaba bajo la ilusión de que el papel era amarillo. En otras palabras, el subjetivismo con respecto al color es compatible con la distinción ordinaria entre la apariencia y la realidad del color: de hecho, para Kant el realismo empírico es simplemente el compromiso con la distinción ordinaria entre apariencia y realidad. La idea es que ninguna de las distinciones que ordinariamente haces entre apariencia y realidad del color vas a dejar de poder hacerla por ser subjetivista: de ahí, el realismo empírico. Pero, la distinción ordinaria entre apariencia y realidad del color es una distinción al interior de nuestro esquema conceptual de las cosas, que incluye la capacidad de verlas así: de ahí, el idealismo trascendental. (Por cierto, un idealismo trascendental más severo, de tipo wittgensteiniano, afirmaría que una vez salvada la distinción ordinaria, la distinción metafísica no tiene sentido!).

    Pues bien, vayamos ahora al terreno de la verdad y de la justificación. Hay una distinción ordinaria entre justificación y verdad, es decir, entre creer justificadamente algo y que la creencia sea verdadera: así, decimos que Juan está justificado en creer que está lloviendo (cree que está lloviendo por la lectura del barómetro) pero que su creencia puede no ser verdadera (porque no está lloviendo). Por otra parte, hay una distinción filosófica entre justificación y verdad: tiene una concepción epistémica de la verdad quien sostiene que una creencia no es verdadera con independencia de cualesquiera criterios de justificación, mientras que tiene una concepción no epistémica quien sostiene que la verdad de una creencia es trascendente a la justificación. En este contexto, ser un idealista trascendental es comprometerse con la distinción ordinaria sin comprometerse con una concepción no epistémica de la verdad. Supón, entonces, que tú tienes una concepción epistémica de la verdad: aunque no crees que la verdad de una creencia pueda ser trascendente a cualesquiera criterios de justificación, con todo, piensas que es posible que Juan tenga la creencia justificada pero falsa de que está lloviendo (porque no está lloviendo según algún criterio de justificación más fiable pero distinto de la lectura del barómetro). De esta manera, una concepción epistémica de la verdad es compatible con la distinción ordinaria entre justificación y verdad. En el sentido ordinario, tienes derecho a decir que Juan está justificado (según nuestros actuales criterios de justificación) en creer que está lloviendo a pesar de que su creencia puede ser falsa: de ahí, el realismo empírico sobre la justificación. Pero, en el sentido filosófico según el cual la distinción ordinaria es una distinción al interior de los mejores criterios de justificación que pueda haber, debes decir que Juan (como cualquiera de nosotros) no está justificado en creer que está lloviendo si su creencia es falsa, es decir, no está justificada según los mejores criterios de justificación: de ahí, el idealismo trascendental sobre la justificación. En el sentido ordinario en que decimos que Juan está justificado en creer que está lloviendo, eso solo entraña que parece que Juan (como cualquiera de nosotros) está justificado en tener esa creencia. En el sentido filosófico en que decimos que Juan no está justificado en creer que está lloviendo, eso entraña que Juan (como cualquiera de nosotros) no está realmente justificado en tener esa creencia.

    (Un idealista trascendental de tipo wittgensteiniano sostendría, más radicalmente, que si la distinción ordinaria entre verdad y justificación está bien como está sin necesidad de comprometerse con una concepción no epistémica de la verdad, entonces la distinción filosófica no tiene sentido).

    Así que volvamos a tu dilema. Putnam está comprometido con una concepción epistémica de la verdad y, por tanto, su tesis de que hay un hecho objetivo sobre la justificación de una creencia no significa, obviamente, que el hecho de si una creencia está o no está justificada es un hecho trascendente a cualesquiera criterios de justificación. Pero, además, Putnam es un idealista trascendental: que una creencia esté justificada en el sentido ordinario, es decir, que esté justificada según los criterios de justificación vigentes en cada caso, no entraña que la creencia esté realmente justificada. Por eso, el hecho objetivo sobre la justificación de una creencia es un hecho trascendental con respecto a los criterios de justificación vigentes en cada caso (pero, no con respecto a cualesquiera criterios de justificación). No hay nada malo en decir que una creencia está justificada aunque no esté justificada en un sentido filosófico (=según los mejores criterios de justificación): pero, si no está justificada en un sentido filosófico, entonces solo tiene una justificación aparente desde un punto de vista filosófico. La situación es la misma que con el color de las cosas. Si eres un subjetivista con respecto al color no hay nada malo en decir que la hierba es verde (ni en decir que en el sentido ordinario, es realmente verde) aunque no sea realmente verde en el sentido metafísico: pero, si no es realmente verde en el sentido metafísico, entonces la hierba solo es aparentemente verde desde un punto de vista metafísico. Desde luego, que la hierba es verde no es una ilusión en el sentido ordinario y, sin embargo, la hierba solo parecería verde. Del mismo modo: que nuestras creencias estén justificadas no es una ilusión en el sentido ordinario (según nuestros criterios actuales de justificación) y, sin embargo, nuestras creencias solo parecerían justificadas (según los mejores criterios de justificación que pueda haber).

    De momento lo dejo aquí, Héctor. Espero que te sea de utilidad, y también despejar tus otras dudas más adelante. Pero, también puedes responder a mi comentario.

    Un abrazo,
    Javier

  3. Héctor Says:

    Javier, muchas gracias por la respuesta detenida.

    Si he logrado comprender el argumento, el “idealismo trascendental” de Putnam disolvería el dilema entre una justificación metafísica (trascendente de las prácticas históricas) y una justificación epistémica (inmanente a las dichas prácticas históricas), por lo cual un “hecho objetivo” sería una proposición verdadera según los criterios mejores (no necesariamente los vigentes ni de la mayoría). Resultaría así porque, al dejar el binario justificación metafísica-epistémica y subsumir dicho binario en la justificación epistémica, Putnam utilizaría sólo la distinción usual entre la creencia p aparentemente justificada por la teoría A y la creencia no-p realmente justificada por la teoría B. La teoría B poseería una creencia realmente justificada si y sólo si sigue los mejores criterios de justificación.

    Ahora bien, al no estar situado desde una posición privilegiada sub specie aeternitatis, Putnam explicita dónde históricamente se sitúa la teoría de la enunciación axiológica Obvio, los criterios de justificación se tienen que encontrar en el sistema de creencias de la teoría A o de la de B. Y justo aquí es cuando Rorty utiliza concepto de Kuhn para hablar de revoluciones teóricas: los criterios de justificación de un teoría no son por sí mismos mejores que el de otra, sino más bien son mejores de acuerdo con los compromisos intersubjetivos (consensuales), las nuevas finalidades trazadas y, sobre todo, los resultados en la competencia de la selección natural entre las teorías.

    La distinción entre un hecho aparentemente justificado y un hecho realmente justificado, se puede realizar también desde visión etnocéntrica inclusiva con una ventaja: se explicita que el sujeto de la enunciación somos nosotros al valorar y confrontar los diversos criterios de justificación (nosotros en la actualidad con la teoría B y también la mejor imagen de nosotros mismos con la teoría B*).

    Esto suena claro, pero no sé hasta que punto se lleve a la práctica. Imagina un grupo de jóvenes filósofos que lee a Parménides porque ahí se encuentra el pensamiento originario no onto-teológico. De otro lado, hay un grupo que piensa por sí mismo. La distinción entre justificar algo aparentemente y justificar algo realmente va a depender del sujeto situado en cada grupo.

    Un abrazo

    Héctor

  4. Bernardo Galeano Bolívar Says:

    Cordial saludo Profesor Vidal,

    Es imposible leer esta entrada y no pensar en un articulo que leí hace ya un tiempo, esta es la referencia bibliográfica: Eduardo Fermandois, “Verdad y Justificación: la íntrinseca relación y la imborrable diferencia entre dos conceptos” en Ideas y Valores (revista colombiana de filosofía) Nº 117, diciembre de 2001, Bogotá-Colombia.
    Publico este comentario porque quizás usted no haya leído este artículo (aunque probablemente sí) y considere la propuesta adicional que ofrece Albrecht Wellmer (Der Streit um die Wahrheit. Pragmatismus ohne regulative Ideen, En : Sandbothe, M. (ed) Die Renaissance des Pragmatismus. Aktuelle Verflechtungen zwischen anlytischer und kontinenteler Philosophie. Weilerswist: Velbrück) sobre esta discusión. Por otro lado, ambos textos (el de Fermandios y el de Wellmer) pueden servir para ampliar consideraciones sobre este debate -que se expone aquí tan lucidamente por parte del profesor Vidal- a quienes lean esta entrada.

    Profesor Vidal,
    Un saludo y una cordial bienvenida mi lista de Blogs favoritos.

    • javiervidal Says:

      Querido amigo:

      Te agradezco mucho la referencia del artículo de E. Fermandois, a quien conocí ocasionalmente y de quien he leído artículos interesantes. Lamentablemente, no puedo leer el otro artículo: no sé una palabra de alemán.

      Te comento que hace unos años la revista ‘Diánoia’ publicó varios artículos sobre el debate Putnam-Rorty. En realidad, a partir del artículo de D. Kalpokas, “El debate Putnam-Rorty sobre la naturaleza de la justificación”, el resto de autores realizaban algún comentario o discutían entre ellos (Diánoia, XLVIII/51, 2003). Posteriormente, Kalpokas escribió: “Normatividad y facticidad: el doble aspecto del concepto de justificación” en respuesta a algunos comentarios (Diánoia, LII/58, 2007).

      Un abrazo,
      Javier

  5. Bernardo Galeano Bolívar Says:

    Profesor Vidal,

    Estoy completamente agradecido por su cordialidad, deferencia y disposición. Creo que su Blog y sus artículos me serán de gran ayuda para la tesis que adelanto. La tesis versa sobre la lectura McDowelliana de Kant en Mente y Mundo y, como veo, usted también conoce la obra de McDowell. Definitivamente, medios como estos ayudan a que la discusión filosófica no sólo se de entre pares académicos, es decir, entre profesores de filosofía en seminarios, congresos, encuentros etc. sino que, además, estudiantes en formación como yo, podamos discutir y afinar nuestras ideas con ustedes. Seguramente seré un visitante asiduo y un comentador de sus interesantes notas en este Blog.

    Gracias ,
    Un cordial saludo,

    Bernardo.

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