Nagel sobre los límites del pensamiento

En su extraordinario libro The View from Nowhere (en español, México: FCE, 1996), T. Nagel dedica el capítulo “Pensamiento y realidad” a la cuestión de los límites de nuestra comprensión del mundo. Voy a discutir uno de sus argumentos a favor de la tesis de que el mundo puede tener aspectos que son inconcebibles para nosotros, los seres humanos. El argumento hace uso de la premisa adicional de que tales aspectos del mundo podrían ser concebibles para otros.

De entrada, Nagel sostiene que es una forma de idealismo la tesis de que “lo que existe es aquello en lo que podemos pensar o lo que somos capaces de concebir, o aquello que nosotros o nuestros descendientes podrían llegar a pensar o concebir” (p. 131). Pero, más bien, el idealismo suele definirse por oposición al realismo (y el propio Nagel lo hace) como la tesis de que lo que hay no tiene una existencia objetiva e independiente de nuestras mentes. Sin embargo, ambas formas de idealismo, si vamos a hablar así, no coinciden. Uno puede ser idealista en el primer sentido, ser un idealista conceptual, sin serlo en el segundo sentido, ser un idealista ontológico: es completamente contingente que los seres humanos existamos, de manera que lo que podemos concebir habría podido existir en cualquier caso, aunque, desde luego, lo que hubiera podido existir en cualquier caso es lo que nosotros hubiéramos podido concebir de haber existido. En otras palabras, el idealismo conceptual es compatible con el realismo ontológico. Por otro lado, el idealismo ontológico entraña el idealismo conceptual: por ejemplo, el idealismo trascendental está comprometido con la tesis de que no hay objetos de conocimiento más que por efecto de nuestra conceptualización, así que es trivial que no existen objetos de conocimiento inconcebibles para nosotros.

El argumento de Nagel consiste en un experimento mental a partir de una comparación entre nuestro nivel de comprensión y el de nuestros hijos de nueve años. Es seguro que nuestros hijos no pueden comprender la teoría general de la relatividad. Supongamos que existiese una especie cuasi-humana que no fuese capaz de un desarrollo intelectual superior al de nuestros hijos y que de hecho los seres humanos no existiéramos. Entonces, los aspectos del mundo descritos por la teoría de la relatividad serían inconcebibles para los ‘noneañeros’ y, más aún, no habría nadie capaz de concebir las cosas que ellos no son capaces de entender. Pues bien, imaginemos ahora que nuestra situación es análoga a la de los noneañeros, en el sentido de que estamos en la situación de los noneañeros con respecto a una especie superior que dispone de una teoría incomprensible para nosotros. Si ahora suponemos que los seres humanos estamos solos (que la especie superior no existe), se sigue que habría aspectos del mundo descritos por su teoría que serían inconcebibles para nosotros y que nadie más sería capaz de concebir (pp. 138-139).

En primer lugar, consideremos la conclusión final del argumento. Nagel dice: “Así pues, parece que la existencia de aspectos inaprehensibles de la realidad es independiente de que sean concebibles por cualquier mente real” (p. 139). Es obvio que la conclusión final solo tiene fuerza contra alguna forma de idealismo ontológico. Del hecho de que en el escenario imaginado nadie sería capaz de concebir ciertas cosas existentes no se sigue que existirían ciertas cosas inconcebibles, más que en el contexto de argumentar contra la carga ontológica de que lo que hay no existe independientemente de que alguien lleve a cabo una conceptualización. Pero, un idealista conceptual no tiene ningún problema con el escenario imaginado: si la especie superior no existiera, los aspectos del mundo descritos por su teoría habrían podido existir en cualquier caso, aunque, desde luego, lo que hubiera podido existir en cualquier caso son los aspectos del mundo que ellos, de haber existido, hubieran podido describir mediante su teoría. Por tanto, la conclusión final que el idealista conceptual extraería del argumento de Nagel es: “Así pues, parece que la existencia de aspectos aprehensibles de la realidad es independiente de que sean concebibles por cualquier mente real”.

Reduzcamos, entonces, el alcance del argumento a la conclusión de que podría haber aspectos del mundo inconcebibles para nosotros, pero tales que la especie superior sería capaz de pensar sobre ellos. En este punto, es importante trazar una distinción entre capacidad y habilidad, al estilo en que lo hace S. L. Hurley (en “Intelligibility, Imperialism, and Conceptual Scheme”) y A. Kenny en numerosos trabajos. Digamos que alguien tiene la capacidad de hacer algo si es posible que lo haga, a pesar de que actualmente no tiene la habilidad para hacerlo. En ese sentido, Kenny define la mente como una capacidad, la capacidad de adquirir habilidades: por ejemplo, tener una mente humana es ser capaz de aprender inglés, y el dominio del inglés es a su vez una habilidad intelectual adquirida.

Además, hay que establecer una distinción entre posibilidades de hacer algo. Desde luego, según el idealismo conceptual solo tiene sentido decir que alguien tiene la capacidad de hacer algo o que es posible que lo haga, por todo lo que podemos o podríamos concebir al respecto. Ahora bien, una cosa es decir que alguien tiene o no tiene la capacidad de hacer algo, por todo lo que podemos concebir actualmente en términos de nuestras habilidades intelectuales adquiridas. Otra cosa es decir que alguien tiene o no tiene la capacidad de hacer algo, por todo lo que podríamos concebir en términos de la adquisición de habilidades intelectuales que no poseemos actualmente. Decir esto último no es necesariamente caer en la circularidad de presuponer que las habilidades que no poseemos actualmente son las habilidades para hacer aquello respecto de lo cual estaríamos juzgando la capacidad de alguien para hacerlo: las habilidades que no poseemos actualmente pueden corresponder a una capacidad distinta a la capacidad cuya posesión estaríamos juzgando y, con todo, ser habilidades mediante las que podríamos concebir que alguien tuviese la capacidad en cuestión. Por ejemplo, podemos decir que los niños-salvajes no son capaces de aprender una lengua, por todo lo que podemos pensar actualmente sobre ellos en términos de las teorías y habilidades actuales (entre otras cosas, nuestras técnicas de enseñanza), pero también podríamos llegar a decir que son capaces de aprender una lengua por todo lo que podríamos llegar a pensar sobre ellos en términos de teorías y habilidades que no poseemos actualmente (entre otras cosas, una nueva técnica de enseñanza).

Si volvemos al argumento de Nagel equipados con estas consideraciones, la conclusión más modesta sobre lo inconcebible para nosotros se queda sin soporte. Por un lado, el experimento mental consiste en imaginarse una teoría que es incomprensible para nosotros en términos de nuestras habilidades adquiridas de comprensión, lo que incluye la comprensión de teorías como la teoría general de la relatividad. Por tanto, el experimento mental parte de la idea de lo que es inconcebible para nosotros desde dentro de nuestra perspectiva actual: lo que está en juego es decir que no tenemos la capacidad de entender la teoría de una especie superior, por todo lo que podemos concebir actualmente en términos de nuestras teorías y habilidades. No estoy negando, pues, que podamos tener la idea de lo inconcebible para nosotros porque, a diferencia del caso de los ‘noneañeros’ en que lo inconcebible para ellos está dentro del alcance de nuestra comprensión actual, el caso de una especie superior a nosotros introduce algo que está fuera del alcance de nuestra comprensión actual (objeción examinada por Nagel, pp. 139-141). Pero, entonces, la idea de lo que es inconcebible para nosotros en términos de nuestras habilidades adquiridas de comprensión no da entrada a la idea de lo que es inconcebible para nosotros en un sentido relevante para el idealismo conceptual, a saber: la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podemos o podríamos (en términos de teorías y habilidades que no poseemos actualmente) concebir al respecto.

Por otro lado, la tesis de que podemos tener actualmente la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podemos o podríamos concebir al respecto, es incoherente. Es obviamente incoherente porque, por definición, no podemos tener actualmente, por todo lo que podemos concebir en términos de nuestras habilidades intelectuales adquiridas, la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podríamos concebir en términos de habilidades intelectuales que no poseemos actualmente: no podemos decir actualmente que no tenemos la capacidad de entender la teoría de una especie superior, por todo lo que podríamos concebir en términos de teorías que no poseemos actualmente! De paso insisto en que no hay circularidad en lo que podríamos llegar a decir, que tenemos la capacidad de entender la teoría de una especie superior, por todo lo que podríamos concebir en términos de teorías, distintas de la teoría en cuestión, que no poseemos actualmente.

Finalmente, la tesis de que podemos o podríamos tener la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podemos o podríamos concebir al respecto, incurre en petición de principio. Es una petición de principio evidente sostener que podríamos decir, por todo lo que podríamos concebir en términos de teorías que no poseemos actualmente, que no tenemos la capacidad de entender la teoría de una especie superior, por todo lo que podríamos concebir en términos de teorías que no poseemos actualmente. Estaríamos presuponiendo que del mismo modo que podemos tener actualmente la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podemos concebir en términos de nuestras habilidades intelectuales adquiridas, así podríamos tener la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podríamos concebir en términos de cualesquiera habilidades intelectuales que no poseemos actualmente: pero, esta conclusión es precisamente lo que está en cuestión contra el idealismo conceptual, que tiene sentido la idea de algo que no pudiéramos llegar a pensar! No podemos hacer uso de una analogía con algo que el idealista conceptual no cuestiona, que podemos tener actualmente la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podemos concebir actualmente, en el curso de argumentar contra él que podríamos tener la idea de lo que es inconcebible para nosotros, por todo lo que podríamos llegar a concebir.

Me parece, entonces, que Nagel no ha probado 1) que pueden existir cosas inconcebibles para cualquier mente posible y 2) que pueden existir cosas inconcebibles para nosotros pero que están dentro del alcance conceptual de otras mentes posibles.

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